martes, 10 de noviembre de 2009

Hugo Chávez en pie de guerra

Las pulsiones bélicas de Chávez son algo más que un problema psicopatológico. Son parte de una estrategia geopolítica que merece ser tomada en serio

El presidente de la República “Bolivariana” de Venezuela está en pie de guerra. Está ansioso, muy angustiado, casi desesperado, buscando la forma de abrirse un lugar en la historia, aunque para eso tenga que desencadenar una descabellada conflagración bélica. Megalómano como es, no se conforma con involucrar a su país, sino a todo el continente, e incluso al mundo entero, en una guerra. Y lo que tiene en mente no es una escaramuza fronteriza sino una “guerra de cien años”.

Así lo ha vuelto a proclamar anteayer en “Aló Presidente” el estrado desde donde martiriza todos los domingos al pueblo venezolano. "No perdamos un día en nuestra principal misión: Prepararnos para la guerra y ayudar al pueblo a prepararse para la guerra, porque es responsabilidad de todos", ha dicho, Chávez, y abundan los motivos para creer que habla en serio.

A primera vista podría suponerse que más que un asunto del que deba preocuparse el mundo entero se trata de un objeto de estudio para psiquiatras especializados en ciertos trastornos mentales que suelen afectar a individuos cuyo cerebro sufre alteraciones patológicas. Correspondería por lo tanto someterlo a un tratamiento intensivo de modo que pueda devolvérsele la cordura. Y aunque mucho de cierto hay en eso, desgraciadamente el caso es más complicado de lo que puede caber en una camisa de fuerza.

Es que Hugo Chávez es algo más que un caso clínico. Es uno de los individuos más poderosos del planeta y tiene a su alcance los medios necesarios para que sus intenciones y sus actos, además de ser simples síntomas de insania, sean motivos de preocupación para el mundo entero. Ante un caso parecido ya estuvo la humanidad cuando Adolfo Hitler, o José Stalin, tuvieron la oportunidad de canalizar a través de la guerra sus desajustes mentales y los problemas internos de sus respectivos paises.

Lo que es peor es que, como en ambos casos, Chávez no está solo. Tras él hay un pueblo que, como el alemán o el ruso, tiene tantos resentimientos acumulados que lo hacen proclive a secundar los desvaríos de su líder. Peor aún, el caudillo venezolano cuenta con poderosos aliados que comparten con él similares rasgos psicopatológicos y circunstancias políticas internas y externas parecidas. Mahmud Ahmahinejad es el principal de ellos, pero no el único. Kim Jong Il, de Corea del Norte, Omar al Bashir y Robert Mugabe, en Africa, Kim Jong Il, de Corea del Norte, o los hermanos Castro, en Cuba, son líderes que sin duda alguna se identifican con la idea de desencadenar una guerra apocalíptica.

Pretextos para hacerlo no faltan. La crisis hondureña que, al no haber sido resuelta en los términos que la sensatez aconsejaba, vuelve a poner a Centroamérica como un foco de conflictos tras los que se mantiene encendida una mecha que conduce a una carga explosiva, es un ejemplo. En el otro extremo del mundo, la feroz contraofensiva de los fundamentalistas islámicos en Afganistán e Irak, con Pakistán de por medio. no es ajena a un escenario bélico que desde diferentes vertientes se va configurando alrededor de un mismo eje que tiene a Venezuela e Irán como su motor principal. Y a Bolivia como pieza muy importante.

Mucho podrá decirse, como de hecho se dice, para minimizar el peligro que se cierne tras las aparentemente deschavetadas arengas belicistas de Chávez y los apoyos, por ahora verbales, de Evo Morales. Pero si de correr el riesgo de equivocarse se trata, el único error inadmisible consiste en subestimarlo.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Las relaciones con Estados Unidos

Para el Gobierno queda una asignatura final de tipo protocolar y rango diplomático. Nos referimos al respeto con el cual un gobierno debe referirse a cualquiera de sus pares foráneos

Nadie puede negar que Estados Unidos asume una crucial importancia para cualquier país sudamericano, particularmente respecto a cuantos siguen entrampados en un subdesarrollo cuya superación urge aún encarar en el plano de la cooperación bilateral y multilateral. Como la potencia del norte tiene un ostensible peso en ambos espacios, países como el nuestro deben mantener con ella relaciones diplomáticas de total normalidad. Es lo que aconseja no sólo la racionalidad, sino también la más elemental prudencia. Bolivia, en los últimos años, estropeó sus vínculos con Estados Unidos por causas que de modo alguno son justificables. Cabe mencionar entre ellas una acentuada susceptibilidad, lindante con la paranoia, respecto a presuntas acciones intervencionistas de EEUU en los asuntos bolivianos. Se echó al embajador norteamericano de Bolivia, tras un cerco masista a la sede diplomática yanqui en La Paz. A esto se agregó la expulsión de la DEA, medida que le significó al país la pérdida de la cooperación económica y técnica en la lucha contra el narcotráfico. Finalmente, lo que fue más grave todavía: nos quedamos sin ese tratado de preferencias arancelarias sin el cual ciertas exportaciones bolivianas al mercado estadounidense pierden la necesaria competitividad.

Sin duda alguna que las negativas consecuencias de los hechos referidos, constituyen la razón por la cual el Gobierno boliviano se esfuerza hoy por recomponer sus relaciones con Washington. Acaso el fantasma de la desocupación en El Alto, donde muchas grandes, medianas y pequeñas empresas cerraron o redujeron al mínimo su producción, fue el que mayormente le indujo a reanudar lo andado y volver a la normalidad diplomática con la potencia del norte.

Un publicitado aunque no detallado ‘acuerdo marco’, esbozado en Washington entre representantes de la Casa Blanca y enviados especiales del Gobierno de Evo Morales, constituiría el tramo inicial hacia un pleno restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países. Es decir, a nivel de embajadores y no de encargados de negocios dedicados sólo a trámites y asuntos de rutina.

El ‘acuerdo marco’, naturalmente, tiene que estar referido al cumplimiento estricto no sólo de las reglas que a escala universal rigen las relaciones de los miembros de la comunidad internacional, sino a los compromisos establecidos por tratados vigentes en el mismo ámbito y a los de tipo bilateral. Entre estos últimos, con los Estados Unidos, cabe mencionar a algunos de cuya vigencia depende que EEUU y Bolivia se entiendan y restablezcan relaciones al nivel adecuado. Nos referimos al tema coca-cocaína. ¿Derivará el ‘acuerdo marco’ a una conciliación de criterios sobre éste y otros asuntos de la agenda bilateral? Aún no lo sabemos. Para el Gobierno queda una asignatura final de tipo protocolar y rango diplomático. Nos referimos al respeto con el cual un gobierno debe referirse a cualquiera de sus pares foráneos.

Nada de insultos, agravios, sindicaciones ligeras y de otros comportamientos que ofendan y predispongan a la contraparte. Este tipo de deslices, por parte del Gobierno boliviano, contribuyeron a agravar la crisis en las relaciones con el país del norte. Sería bueno que el actual régimen no vuelva a incurrir en ellas.

domingo, 8 de noviembre de 2009

A 20 años de la caída del Muro de Berlín

Aunque el Muro de Berlín dejó de existir, los ladrillos con los que fue construido están todavía intactos y disponibles

El 9 de noviembre de noviembre de 1989, hace ya veinte años, la humanidad fue testigo de uno de los acontecimientos más notables de la historia. En muy pocas pero muy intensas horas, el pueblo alemán puso fin a más 72 años de un proceso que se inició con la revolución rusa de 1917.

Aún hoy, pese al tiempo transcurrido, no deja de sorprender y admirar la facilidad con que se desmoronó el muro de Berlín y con él un conjunto de regímenes dictatoriales que dominaban gran parte del mundo y hasta poco antes de ese día parecían inconmovibles. Lo que ocurrió en Berlín es algo que todavía no ha terminado de ser asimilado y corresponde a todos los pueblos del mundo –entre ellos el nuestro—asimilar las muchas lecciones que dejó.

Como lo relata uno de los más importantes testigos de esa jornada, en un artículo que se publica en esta misma página, una sola palabra sintetizó el espíritu que animó a quines ese día escribieron una de las más hermosas páginas de la historia del siglo XX. ============ “¡¡¡¡Freiheit, freihei, freihet!!!” ============= (“¡¡¡¡Libertad, libertad, libertad!!!!)” coreaban los millones de alemanes del Este que durante décadas habían vivido bajo un régimen de terror.

Fue tan contundente y elocuente la fuerza con que ese ideal produjo la caída de los regímenes comunistas europeos, como una fila de fichas de dominó, que una ola de optimismo se apoderó de quienes vieron en ese acontecimiento el triunfo final de la libertad sobre cualquier forma de tiranía.

Desgraciadamente, veinte años después, hay motivos para temer que esas esperanzas eran exageradas. Es que si bien la caída del muro de Berlín significó la recuperación de la libertad y la democracia para varios cientos de millones de personas, no fue suficiente para evitar que casi la mitad de la población mundial siga hoy viviendo bajo regímenes que niegan a sus pueblos las más elementales libertades.

Mil doscientos millones de chinos continúan sometidos a la dictadura del Partido Comunista que gobierna ese país. Otros tantos súbditos de países regidos por regímenes islámicos están en la misma condición. Las dictaduras de Cuba y Corea del Norte han logrado sobrevivir al colapso del estalinismo soviético y gran parte del continente africano está todavía en manos de déspotas como Robert Mugabe, en Zimbabwe, u Omar al Bashir en Sudán.

Pero aún más paradójico es que son muchos los pueblos del mundo, entre los que el nuestro ocupa un lugar destacado, que con todo entusiasmo se encaminan en el sentido opuesto del camino que se abrió en Berlín hace veinte años. La tentación totalitaria, que ve en regímenes como el de los hermanos Castro en Cuba un modelo digno de ser imitado, tiene aún muchos más seguidores de los que a la luz de la experiencia histórica cabría suponer y esperar.

Lo que está ocurriendo en Bolivia es un ejemplo de lo dicho. Muestra que aunque el Muro de Berlín dejó de existir, los ladrillos con los que fue construido están intactos y disponibles para quienes le tienen miedo a la libertad.

sábado, 7 de noviembre de 2009

La omisión de los grandes temas

Es tan absoluto el silencio sobre los temas más importantes para el futuro económico y político de nuestro país, que sólo se puede suponer que todos están muy conformes con la situación actual


Una de las características más notables del proceso electoral en curso es la absoluta y total omisión de los temas más importantes para el presente y el futuro de nuestro país, en la que incurren de manera coincidente todos los candidatos, sin ninguna excepción.

La política hidrocarburífera, la nueva Constitución Política del Estado y las muchas modificaciones que requiere de manera ineludible, las decenas de leyes que deberán ser discutidas en cuanto se instale la nueva Asamblea Legislativa Plurionacional son, entre muchos otros, algunos asuntos sobre los que la propuesta de quienes aspiran a gobernar o a ocupar un curul durante los próximos cinco años, es un verdadero misterio. Un misterio insondable, pues ni siquiera ofrecen alguna pista que permita deducir lo que se proponen hacer al respecto, sea como gobernantes o como opositores.

Entre los temas ausentes, probablemente ninguno es más llamativo que el relativo a los hidrocarburos. Aunque es por demás evidente que se trata de la piedra angular de la economía nacional, y que cuanto se haga o deje de hacer al respecto tendrá hondísimas consecuencias sobre nuestro futuro, los candidatos actúan como si el problema no existiera.

Que el gobierno ponga sus mejores empeños para evitar que el tema forme parte de la agenda informativa en estos días de proselitismo, es comprensible. No podía ser de otro modo, pues son tan catastróficos los resultados arrojados por la “nacionalización”, que cuanto menos se hable del asunto, mejor.

Muy grave sería para las expectativas electorales del oficialismo que en vez de centrarse en los quejidos victimistas inspirados por los problemas legales de los dos principales candidatos del Plan Progreso, las campañas giraran alrededor de los muchísimos puntos débiles del gobierno, entre los que se destaca el de la “nacionalización” y sus frutos.

Pero como no hay quién se ocupe de dar batalla ideológica o programática, el Ministro del área puede reconocer, por ejemplo, sin que nadie le preste atención, que la pérdida de mercados para el gas está obligando a las empresas productoras a dirigir sus mejores esfuerzos hacia la disminución de los volúmenes producidos. En pocos años Bolivia a pasado de ser el potencial centro energético continental a un rincón marginal; los países vecinos están haciendo grandes inversiones para poder prescindir totalmente de nuestro gas durante los próximos años, pero eso no parece merecer la atención de nadie.

Que el descenso de las exportaciones venga aparejado de la disminución de nuestra capacidad para producir hidrocarburos líquidos, lo que obliga a destinar cada vez más recursos a la importación de carburantes, resulta también asunto secundario ante las tribulaciones legales de algunos candidatos.

Similar es el caso de la nueva Constitución Política del Estado vigente. Son tantas las contradicciones que contiene, tantas las fallas reconocidas incluso por sus autores, que resulta inevitable que durante la próxima legislatura deba ser sometida a profundas modificaciones. Pero es también tan absoluto el silencio sobre este asunto, que sólo se puede suponer que todos están muy conformes con el texto actual y no tienen nada que objetar.

viernes, 6 de noviembre de 2009

El MAS, a la conquista del último bastión

Entre la eficiencia del MAS y la ineptitud des rivales, están escribiendo las próximas páginas de la historia de nuestro país

Hace unos días, al referirnos en este espacio editorial a la cada vez más desigual correlación de fuerzas que caracteriza al actual proceso electoral, decíamos que eran claramente visibles dos tendencias. “Primero, que el MAS tiene el control prácticamente total de la iniciativa política y tiene con toda claridad delineado no uno, sino dos planes de acción. Y los ejecuta con gran eficiencia. Y segundo, que la oposición, en las dos principales fracciones en que está dividida, el Plan Progreso y Unidad Nacional, no logra ponerse a la altura del reto que tiene al frente.

“Por lo que se ve, la fórmula oficialista tiene un plan diseñado para las regiones del país donde su hegemonía no está en discusión y otro, muy distinto, que guía sus actos allá donde aún no ha logrado imponerse con tanta rotundez”, decíamos. En efecto, los más recientes actos de la campaña oficialista han dado clarísimas muestras de esa doble estrategia, ante la que la oposición no atina a reaccionar.

Una muestra de lo primero son las agresiones que los grupos de choque del MAS ejercen contra quienes tímidamente intentan hacer campaña en “su” territorio. Por “su” territorio, se entienden prácticamente todas las provincias de los departamentos altiplánicos y de los valles, así como barrios íntegros de las principales ciudades.

Ejemplos de lo segundo han comenzado a abundar durante los últimos días. Tanto, que según recientes reportes de prensa, el Comité pro Santa Cruz es la única entidad de la “institucionalidad” cruceña que no fue “perforada” por el Movimiento Al Socialismo (MAS), que selló nueve alianzas con unionistas, barras brava, universitarios, ex funcionarios prefecturales, y anteayer firmó un acuerdo con los agropecuarios del norte cruceño.

El más reciente e importante de los frutos obtenidos por el MAS es e convenio suscrito en Montero con la Federación de Agropecuarios del Norte del Departamento de Santa Cruz, que se unió al partido oficialista para realizar campaña por la reelección del presidente Evo Morales.

Pero no es sólo en Santa Cruz donde ese plan de acción se desarrolla con notable éxito. En el Beni, el martes pasado, el MAS logró acuerdos con dos bloques del movimiento cívico de ese departamento, muchos de cuyos principales dirigentes decidieron pasar a engrosar las filas del oficialismo.

Ya antes, algo similar ocurrió en Tarija donde incluso uno de los más prominentes diputados de lo que fue Podemos puso a su agrupación ciudadana al servicio de la campaña del MAS. El caso de Pando, que por ser “el eslabón más débil” es donde se inició la “conquista de la Media Luna”, tiene características diferentes, pero los resultados son los mismos.

Pero tan o más notable que la eficiencia con que el oficialismo avanza hacia el objetivo de lograr dos tercios de la Asamblea Legislativa Plurinacional, es la absoluta y total parálisis en la que está sumida la oposición. Arrinconada, siempre a la defensiva, sin iniciativas, sin liderazgos, sin ideas, sin saber qué decir cuando tienen la oportunidad de dirigirse a sus potenciales electores, la oposición contribuye en no poca a que el MAS logre cuanto se propone.

Así, entre el MAS y sus oponentes están escribiendo las próximas páginas de la historia de nuestro país.

jueves, 5 de noviembre de 2009

El “caso Rozsa” y la intervención externa

Aunque opacado en medio de otras quejas pueriles, tan propias de la oposición boliviana, es plausible que el “Caso Rozsa” haya llegado por fin a instancias internacionales

Casi siete meses después de que durante un operativo policial fueran fríamente asesinados unos mercenarios supuestamente involucrados en actos terroristas y separatistas, por fin el asunto ha llegado a las instancias internacionales, en cuyas manos desde un principio debieron ser puestas las investigaciones.

Infructuosamente, desde este espacio editorial, hemos venido insistiendo durante los últimos meses en la urgente necesidad de que así se proceda. Ya el 21 de abril, bajo el título de “Urgente intervención externa”, afirmábamos que “estamos ante un hecho cuya importancia trasciende los límites de la política interna. Al estar involucrados ciudadanos extranjeros vinculados con organizaciones de alcance internacional, resulta necesario que en las investigaciones se involucren organismos especializados en la lucha contra el terrorismo también de carácter internacional”.

Más adelante, sosteníamos que “Siendo tantas las dudas que se ciernen sobre la manera como el gobierno ha encarado el asunto (…) la intervención de organismos internacionales especializados es, sin duda, la mejor opción”.

Al día siguiente, el 22 de abril, decíamos: “sólo cabe insistir en la urgencia de que se agilice la llegada al país de agentes de la Interpol y de representantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Los organismos internacionales, como la ONU y la OEA, no pueden ni deben soslayar su responsabilidad pues la magnitud de este caso es demasiado grande para dejarla sólo en manos del gobierno nacional”.

Posteriormente, el 26 del mismo mes, sosteníamos que “Está por demás comprobado que el asunto es demasiado serio para dejarlo en manos de los aparatos represivos del Estado. ¿Qué está esperando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para cumplir su deber? ¿Por qué no interviene la Interpol?”, nos preguntábamos.

Días después, el 7 de mayo, “Investigaciones mal encaminadas” titulaba este espacio, y en él afirmábamos: “El asunto, de por sí grave, lo es mucho más si se considera que, como no es difícil prever, sus consecuencias políticas serán enormes y tarde o temprano darán serios motivos de preocupación a los organismos internacionales encargados de velar por la paz, el respeto de los derechos humanos y la preservación del imperio de la ley. Cuanto más tarden en asumir un papel activo más difícil será rectificar un proceso que a medida que avanza multiplica los motivos para los malos augurios”.

Y el 18 del mismo mes insistíamos: “Hay abundantes motivos para suponer que la magnitud y complejidad del embrollo supera con mucho los estrechos límites de las pugnas políticas bolivianas. Razón más que suficiente para insistir en la necesidad y conveniencia de que en las investigaciones se involucren organismos internacionales. Si hay algo claro, es que ni el oficialismo ni la oposición están a la altura de un caso que trasciende nuestras fronteras”.

Con esos antecedentes, no podemos dejar de expresar nuestra satisfacción porque por fin, aunque con tanta demora, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ingrese a un escenario del que nunca debió estar ausente. Y si bien es lamentable que un asunto tan serio como el “Caso Rozsa” resulte opacado en medio de otras quejas pueriles, tan propias de la oposición boliviana, es sin duda un buen paso en la dirección correcta.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La violencia, protagonista de las campañas

A diferencia de épocas anteriores, la violencia política es hoy parte fundamental de las campañas. La alimentan tanto los que la ejercen como los que la sufren

Desde hace muchos meses, antes incluso de que se inicie el proceso electoral que está ya ingresando a su etapa final, se sabía que la violencia, la intolerancia, las agresiones verbales entre los diferentes candidatos, y las agresiones físicas entre sus seguidores, serían una de sus principales características.

Había, y hay, dos razones que explican que así sea. Una de ellas es tan antigua como la historia política de nuestro país. Como es fácil recordar, siempre fue así. Movimientistas que agredían a miristas y adenistas; adenistas que destrozaban la publicidad de todos sus rivales; miristas que agredían a eneferistas y viceversa… y así fue siempre, hasta donde la memoria alcanza a recordar. Es un rasgo de nuestra débil cultura democrática que no tiene nada de nuevo, por lo que no hay porqué sorprenderse si este proceso electoral está también contaminado por tan deplorable manera de actuar.

Hay, sin embargo, en el caso presente, un factor adicional que se suma y agrava el que se arrastra desde siempre. Es que, a diferencia de épocas anteriores, ahora la violencia y la agresión contra los rivales es franca y abiertamente alentada por quienes conducen la campaña electoral del oficialismo. Han sido importantes dirigentes de los “movimientos sociales” que respaldan al Movimiento al Socialismo los que abiertamente instruido a sus bases para que actúen con máximo rigor para evitar que los candidatos de la oposición hagan campaña en “su” territorio. Y lo han hecho con tanta eficiencia que en gran parte del territorio nacional está impunemente vedada cualquier actividad política que no sea la del oficialismo.

Una segunda característica de los brotes de violencia que empañan el actual proceso electoral es que se prestan muy bien a lo que ha sido adoptado como el eje principal de la campaña de una de las dos principales fórmulas opositoras. Se trata del victimismo, que consiste en magnificar cuanto hecho se adecue a su afán de presentarse como víctimas de un complot al que atribuyen todas sus propias falencias.

En ese contexto se explica, aunque de ningún modo se justifica, la actitud de seguidores del MAS que a lo largo y ancho del país cumplen disciplinadamente las órdenes recibidas. Los grupos de choque organizados con la expresa misión de evitar que sus rivales hagan campaña electoral es sólo la manifestación más visible de esa forma de actuar, pero no la única. Las amenazas contra quien alquile ambientes para casas de campaña, contra quien exhiba afiches, banderas, o cualquier otro símbolo de los opositores, son otras, entre muchas formas de ejercer violencia e intolerancia.

Tal situación pone en evidente desventaja a los candidatos de la oposición. Pero no es el único factor, ni siquiera el principal, que explica las dificultades que tienen para encarar el desafío que tienen al frente. La falta de ideas, de un plan de acción, de liderazgos y de organización son mucho más perjudiciales.

Por eso, que los estrategas del Plan Progreso continúen desperdiciando los pocos recursos, el poco tiempo y energías que tienen sólo en formar coros quejumbrosos con la esperanza de inspirar una estéril conmiseración, en vez de dar las muestras de aplomo que exigen las circunstancias, es uno de esos errores que en la lucha política tienen alto precio.

martes, 3 de noviembre de 2009

Copenhague en medio del escepticismo

Hasta ahora, las declaraciones líricas de buenas intenciones abundan, pero escasean en cambio las decisiones necesarias para que se plasmen en hechos concretos


Cuando ya son sólo 35 los días que nos separan de la inauguración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en la que los líderes del mundo se reunirán en Copenhague para intentar alcanzar un acuerdo contra ese fenómeno, las esperanzas poco a poco van disipándose y crece el temor de que quienes se oponen a la adopción de las drásticas medidas necesarias logren, finalmente, imponerse.

La posibilidad de que la cumbre de Copenhague concluya con una enorme frustración resulta a primera vista incomprensible, pues con muy pocas excepciones, la inmensa mayoría de los países miembros de la comunidad internacional están de acuerdo sobre los efectos potencialmente catastróficos del cambio climático y la urgencia de frenarlo.

A pesar de ello, a medida que las negociaciones preparatorias avanzan, todo parece indicar que no hay que hacerse muchas ilusiones con lo que pasará entre el 7 y 3l 18 de diciembre. Hace unos días, por ejemplo, después de insistir durante meses en la urgente necesidad de alcanzar un pacto vinculante en la capital danesa, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha reconocido la dificultad de lograrlo. Ha comenzado a tomar fuerza, por eso, la idea de que la cumbre no será el fin de un proceso, sino sólo el inicio de otro que mantendrá ocupados a los negociadores durante los próximos meses.

Los obstáculos que aún no han podido ser despejados, son muchos y muy grandes. Entre ellos, el principal sigue siendo la reticencia estadounidense. Es que además de que ese país es el principal causante de las emisiones de gases de efecto invernadero, muchos países desarrollados se niegan a asumir compromisos si antes Estados Unidos no se suma al esfuerzo global.

Y la posibilidad de que eso ocurra se aleja a medida que pasan los días, pues pese a los muchos esfuerzos que hace Barack Obama, no logra doblegar la resistencia de los legisladores republicanos, y algunos demócratas, que se niegan a aprobar la ley ambiental que tienen entre manos.

Un segundo obstáculo es el abultado presupuesto que se requiere para mitigar los efectos del cambio climático en los países más pobres del mundo y para que éstos puedan adaptarse a los mismos. Según cálculos hechos por expertos de la Unión Europea, para ello se requieren unos 100 mil millones de euros anuales, hasta el año 2020. Un costo que en los hechos nadie está dispuesto a asumir, aunque todos se declaran dispuestos “a asumir su parte justa del esfuerzo mundial".

Los representantes de los países pobres, mientras tanto, mantienen una posición monolítica alrededor de una demanda común: que las economías más desarrolladas aporten en la misma proporción en que han contribuido al deterioro ambiental del planeta.

Hasta ahora, las declaraciones líricas de buenas intenciones abundan, pero escasean en cambio las decisiones necesarias para que se plasmen en hechos concretos.

Ante ese panorama, las pocas esperanzas que quedan en pie dependen de que Obama logre, si no llegar a Copenhague con la ley que respalde su iniciativa, aprobar una serie de decretos que le den un margen de acción suficiente para que su país deje de ser, como en Kyoto, el mayor estorbo, y se convierta más bien en el líder de una causa urgente.

lunes, 2 de noviembre de 2009

El incendiario del continente

Poco parece importarle al primer mandatario venezolano que se astille el clima de paz y de buena vecindad en el continente donde se ha convertido en incendiario furioso



Nunca antes como ahora, sin contar los sangrientos y dolorosos conflictos bélicos que registra la historia contemporánea, se había instalado un peligroso clima de efervescencia en nuestra América morena, sin que nada bueno haga presagiar la situación planteada, con síntomas marcados de empeoramiento.

Uno de los artífices del estado de crispación continental es, sin lugar a dudas, ese personaje con veleidades de libertador, de salvador universal que es Hugo Chávez Frías, presidente de la fraterna Venezuela digna de mejor ventura, que para mayores señales no hace mucho advirtió con generar hasta tres "vietnams" en Bolivia si el Presidente del Estado Plurinacional era derrocado, en una clara e inadmisible injerencia en los asuntos internos del país. En una grosera demostración de su músculo y de su vocación de matón.

Últimamente, se han disparado las tensiones entre Venezuela y Colombia, luego de la matanza de ocho ciudadanos colombianos por un grupo armado irregular en territorio venezolano. Las relaciones de ambas naciones ya se habían tensado y deteriorado a raíz de la instalación de bases militares estadounidenses en Colombia, duramente cuestionada por Chávez y otros mandatarios que le siguen la corriente, entre ellos el nuestro. Otros hechos recientes que atirantan la relación bilateral tienen que ver con la captura de efectivos de seguridad colombianos a los que Venezuela acusa de labores de espionaje y planes de desestabilizar el tonante Gobierno de Chávez.

Poco antes, con su ya habitual incontinencia verbal, Chávez tildó de "retardado mental" al ministro de Defensa colombiano después de que éste expresara su preocupación por vuelos relacionados con el narcotráfico supuestamente con origen en Venezuela y utilizando el espacio aéreo de Colombia. Lo último de su sello, es la nueva andanada verbal contra el "imperio" al que maldijo una y otra vez a tiempo de criticar una resolución presentada al Congreso estadounidense para que el gobierno del presidente Barack Obama incluya a Venezuela en la lista de países patrocinadores del terrorismo.

Poco parece importarle al primer mandatario venezolano que se astille el clima de paz y de buena vecindad en el continente donde se ha convertido en incendiario furioso, dueño omnipotente de las llaves de un mundo que cree tener a su merced en el puño.

Y no es sólo que poco le importe sino que más bien da la impresión de que le incomoda tal clima de paz y de buena vecindad. ¿O por qué siempre aparece con su pata de banco demoledora dispuesto a prender el fuego de la discordia con su vozarrón marcado por la embriaguez que deriva del abuso del poder?

Un espécimen que hay que poner bajo la lupa es este gobernante que tiene sentadas sus posaderas en una nación que, por sus legítimas glorias, no se merece tal atrocidad histórica.

Sin embargo, su suerte está echada y no es para envidiarla.

domingo, 1 de noviembre de 2009

En vísperas del final de la crisis hondureña

Honduras es , hoy por hoy, todo un símbolo de la tan antigua pugna entre la estupidez y la sensatez. Antes del jueves próximo sabremos todos cuál de esos factores es el que finalmente se impone

Cuatro meses durante los que la crisis hondureña sometió a la paciencia de la diplomacia de todo el mundo --pero especialmente la estadounidense encabezada por Hillary Clinton y dirigida por Barack Obama-- a una dura prueba, por fin se está a punto de llegar al único desenlace que cabía esperar y admitir. Micheletti se irá, y Zelaya será restituido en el puesto del que fue expulsado.

Han sido cuatro meses durante los que la comunidad internacional de manera unánime –no hubo ni una sola disidencia— se mantuvo firme en su rechazo al vergonzoso golpe de Estado del 28 de junio. Ni un solo país del mundo reconoció al oprobioso gobierno de Roberto Micheletti, con lo que se sentó un valiosísimo precedente que cierra las puertas, ojalá que definitivamente, a quienes todavía creían que en Latinoamérica se podía recurrir exitosamente a los métodos de acción política tan comunes en décadas pasadas.

Es verdad que todavía queda un paso formal, la ratificación congresal del acuerdo suscrito para viabilizar el retorno de Manuel Zelaya al gobierno para que concluya el período para el que fue elegido, pero todo parece indicar que ya nada podrá impedir que, aunque sea sólo con carácter simbólico, sea él, y no un presidente golpista, el que encabece las elecciones del 29 de noviembre próximo y el que entregue el mando a su legítimo sucesor.

Hay sin embargo todavía la posibilidad, aunque remota, de que todos quienes añoran los tiempos cuando eran los fusiles y no los votos los que dirimían las controversias políticas hagan algo para impedir, antes del jueves próximo, que los pactos promovidos por la OEA lleguen a feliz término.

La ultraderecha conservadora estadounidense, en un extremo, y los seguidores de Fidel Castro y Hugo Chávez, en el otro, recurrirán sin duda durante las próximas horas a todos los medios que aún tienen a su alcance para evitar que lo acordado se cumpla. No es casual ni sorprendente que así sea, pues ambos extremos saben que lo peor que les puede pasar es que en Honduras se imponga la racionalidad democrática.

Felizmente, no son ellos los únicos que están muy activos. El boliviano Víctor Rico, representante oficial de la OEA para supervisar el desenlace de la crisis hondureña, ha expuesto al referirse al tema, con mucha claridad, lo inconcebible que sería que el Parlamento hondureño no ratifique, antes del próximo jueves, los términos en que fue pactado el retorno de Zelaya al gobierno. Es que por primera vez en la historia de la diplomacia mundial una causa goza de tan unánime respaldo –lo que no es un pequeño detalle-- y ni la mayor de las estupideces podría insistir en desafiarla.

Desgraciadamente, la estupidez no es precisamente lo que más ha escaseado en la historia del mundo en general y de Latinoamérica en particular. Pero también, y éste parece ser el caso, la sensatez da aún motivos para mantener viva la esperanza. Honduras es por eso, hoy por hoy, todo un símbolo de esa tan antigua pugna. Antes del jueves próximo sabremos todos cuál de esos factores es el que finalmente se impone.