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miércoles, 4 de noviembre de 2009

La violencia, protagonista de las campañas

A diferencia de épocas anteriores, la violencia política es hoy parte fundamental de las campañas. La alimentan tanto los que la ejercen como los que la sufren

Desde hace muchos meses, antes incluso de que se inicie el proceso electoral que está ya ingresando a su etapa final, se sabía que la violencia, la intolerancia, las agresiones verbales entre los diferentes candidatos, y las agresiones físicas entre sus seguidores, serían una de sus principales características.

Había, y hay, dos razones que explican que así sea. Una de ellas es tan antigua como la historia política de nuestro país. Como es fácil recordar, siempre fue así. Movimientistas que agredían a miristas y adenistas; adenistas que destrozaban la publicidad de todos sus rivales; miristas que agredían a eneferistas y viceversa… y así fue siempre, hasta donde la memoria alcanza a recordar. Es un rasgo de nuestra débil cultura democrática que no tiene nada de nuevo, por lo que no hay porqué sorprenderse si este proceso electoral está también contaminado por tan deplorable manera de actuar.

Hay, sin embargo, en el caso presente, un factor adicional que se suma y agrava el que se arrastra desde siempre. Es que, a diferencia de épocas anteriores, ahora la violencia y la agresión contra los rivales es franca y abiertamente alentada por quienes conducen la campaña electoral del oficialismo. Han sido importantes dirigentes de los “movimientos sociales” que respaldan al Movimiento al Socialismo los que abiertamente instruido a sus bases para que actúen con máximo rigor para evitar que los candidatos de la oposición hagan campaña en “su” territorio. Y lo han hecho con tanta eficiencia que en gran parte del territorio nacional está impunemente vedada cualquier actividad política que no sea la del oficialismo.

Una segunda característica de los brotes de violencia que empañan el actual proceso electoral es que se prestan muy bien a lo que ha sido adoptado como el eje principal de la campaña de una de las dos principales fórmulas opositoras. Se trata del victimismo, que consiste en magnificar cuanto hecho se adecue a su afán de presentarse como víctimas de un complot al que atribuyen todas sus propias falencias.

En ese contexto se explica, aunque de ningún modo se justifica, la actitud de seguidores del MAS que a lo largo y ancho del país cumplen disciplinadamente las órdenes recibidas. Los grupos de choque organizados con la expresa misión de evitar que sus rivales hagan campaña electoral es sólo la manifestación más visible de esa forma de actuar, pero no la única. Las amenazas contra quien alquile ambientes para casas de campaña, contra quien exhiba afiches, banderas, o cualquier otro símbolo de los opositores, son otras, entre muchas formas de ejercer violencia e intolerancia.

Tal situación pone en evidente desventaja a los candidatos de la oposición. Pero no es el único factor, ni siquiera el principal, que explica las dificultades que tienen para encarar el desafío que tienen al frente. La falta de ideas, de un plan de acción, de liderazgos y de organización son mucho más perjudiciales.

Por eso, que los estrategas del Plan Progreso continúen desperdiciando los pocos recursos, el poco tiempo y energías que tienen sólo en formar coros quejumbrosos con la esperanza de inspirar una estéril conmiseración, en vez de dar las muestras de aplomo que exigen las circunstancias, es uno de esos errores que en la lucha política tienen alto precio.

domingo, 4 de octubre de 2009

Plan Progreso versus Unidad Nacional

Los estrategas del Plan Progreso tendrán que reconducir su artillería. De otro modo, no podrán evitar correr la misma suerte de lo que un día fue Podemos

Entre las muy pocas ideas claras que los candidatos y estrategas del Plan Progreso parecen tener en su intento de hacer frente a la fórmula oficialista en las elecciones de diciembre, hay una que, por lo menos por ahora, se muestra como el eje de su plan de acción. Consiste en concentrar sus escasas energías en destruir, o por lo menos debilitar, la candidatura de Unidad Nacional. Se diría es su enemigo principal.

Los primeros pasos de esa estrategia fueron dados en vísperas del vencimiento del plazo para la inscripción de candidatos. Recurriendo a los más diversos medios, que van desde las amables exposiciones de argumentos dignos de consideración, hasta las más viles amenazas y chantajes, lograron disuadir a importantes personajes de los nueve departamentos que habían aceptado presentar sus candidaturas con el partido de Doria Medina. Fracasaron en algunos casos, tuvieron éxito en otros; lograron debilitar la fórmula de UN, pero sacarla del camino.

Durante los últimos días, pero con especial empeño después de que se hicieron públicos los resultados de una encuesta sobre las intenciones de voto, la ofensiva contra UN arreció. Según denuncias de muchos partidarios de esa candidatura, han circulado amenazas, a veces veladas y otras no tanto, entre muchas otras formas de presión, para causar tanto daño como sea posible a la fórmula Doria Medina-Helbing y sus seguidores. El más reciente y serio de esos intentos ha tenido el objetivo de convencer al líder cruceño Oscar Ortiz para que abandone a su actual aliado y se pliegue a las filas del Plan Progreso.

Tal forma de actuar merece ser cuestionada desde tres puntos de vista: el ético, el aritmético y el político.

Desde el punto de vista ético, porque es inadmisible que aunque de manera un poco más sutil, el Plan Progreso recurra a métodos que en nada se diferencian de los empleados por los “Ponchos Rojos” y otros “movimientos sociales” para ejercer coerción sobre quienes no se le adhieren voluntariamente. Declarar “traidores” a quienes no se cuadran ante la candidatura del Capitán Reyes Villa, por ejemplo, es una aberración que no puede ni debe ser vista con tolerancia.

Pero si las razones éticas no fueran suficientes para cuestionar tal forma de actuar, abundan también las que dictan los cálculos aritméticos y políticos. En el primer caso, porque por mucho empeño que se ponga a restar votos al caudal de uno para sumarlos al del otro, no alcanza para que las cifras cuadren, más aún si, como ya está ampliamente demostrado, en la política hay sumas que restan y viceversa.

Más importante aún es que una adecuada interpretación del fenómeno político que se refleja en el actual escenario electoral indica que una eventual eliminación de las fórmulas del “centro” daría como resultado un ensanchamiento del caudal electoral del oficialismo más que del de la oposición. La exacerbación de la polarización arrojaría un nítido beneficiario que no sería el conglomerado opositor.

En base a esos elementos, y a la experiencia acumulada durante los últimos años, cabe esperar que los estrategas del Plan Progreso reconduzcan su artillería si no quieren correr la suerte de lo que un día fue Podemos.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Un escenario electoral inmutable

Ya que el Plan Progreso se empeña en calcar lo que fue Podemos, pero sobre todo sus errores, no sorprende que se encamine a similar destino




Como suele ocurrir en vísperas de todo proceso electoral, en Bolivia se ha intensificado la elaboración, aunque no siempre difusión, de las encuestas que se proponen detectar las tendencias y prever los posibles resultados de las elecciones de diciembre.

La más reciente de ellas, la difundida ayer por Ipsos Apoyo, Opinión y Mercado, ratificó una vez más que en Bolivia está sólidamente consolidado un escenario electoral que puntos más, puntos menos, es descrito en términos similares por cuanta encuesta se hace. Cabe advertir, sin embargo, que la que hoy comentamos contiene una limitación muy importante, que consiste en que no abarca el área rural donde, como todos saben, hay un voto cautivo que al no ser tomado en cuenta sin duda distorsiona los resultados.

A pesar de ello, el primer dato relevante es que Evo Morales cuenta con una base electoral prácticamente inmutable. Todas las encuestas indican que se mantiene entre 50 y 60 por ciento del apoyo de la gente, mientras la oposición se mantiene, también estática, con la adhesión firme de un 30 por ciento del electorado, poco más o menos, sin importar quién la represente.

Son tan estables esos números, que resulta evidente que el Plan Progreso y su candidato, Manfred Reyes Villa, no han hecho más que heredar un caudal electoral que desde hace cinco años estuvo, está, y estará, sin importar el nombre del beneficiario, disponible. Es el caudal que antes pertenecía a Podemos. Un caudal que tiene en el “antimasismo” –o “antievismo” su principal, si no único factor cohesionador. No es un voto “a favor de”, sino en “contra de”.

Entre ambos polos compuestos por lo que se suele llamar “voto duro”, pues no es probable que cambie de destino, que sumados fluctúan entre 80 y 90 del electorado, hay sólo entre un 10 y 20 por ciento de gente que podría, según cómo se pinte el panorama, cambiar su intención. Es el único segmento que en realidad está siendo disputado durante la campaña electoral.

De momento, es ese porcentaje el que tiende a beneficiar a Samuel Doria Medina, en distintos porcentajes en todo el país y a René Joaquino en Potosí. Es el voto de quienes no se sienten identificados con ninguna de las principales fórmulas y hallan en los candidatos “de centro”, en el voto blanco, nulo o finalmente en la abstención, una forma de protestar.

Esos tres segmentos, con un margen muy pequeño de variación, están desde hace ya varios años muy sólidamente identificados con una opción política. No es pues probable que ninguna campaña, por intensa que sea, logre significativas modificaciones. Mucho menos si los principales protagonistas, pero sobre todo los de la oposición, pues el MAS, como los datos lo demuestran sabe bien qué y cómo hacer, insisten en ensayar las mismas fórmulas que ya se probaron inútiles cuando de modificar la distribución de adhesiones se trata.

El Plan Progreso, que desde su origen y por la forma en que encara el proceso electoral no hace nada más que calcar lo que fue e hizo su antecesor, Podemos, y sobre todo sus errores, no puede esperar mejores resultados si aplica los mismos métodos. Así, todo parece indicar que nos encaminamos a una reedición casi exacta de lo que fue el acto electoral de 2005. Con la diferencia de que ahora nadie podrá declararse sorprendido.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Naciente “hipercoalición” opositora

El principal reto de la naciente coalición es ahora compatibilizar la cantidad, que la tiene, con la calidad que por ahora no se ve

La semana que concluye ha sido sin duda una de las políticamente más intensas de los últimos tiempos. Una avalancha de noticias, que se inició con el lanzamiento del binomio Manfred Reyes Villa-Leopoldo Fernández, marcó el inicio de una reconfiguración del escenario político cuyos alcances, aunque todavía no se puede ver en toda su magnitud, dejarán honda huella en el futuro nacional.
La consolidación de una sólida fórmula de oposición, a la que una tras otra se fueron sumando decenas de líderes regionales, agrupaciones ciudadanas, y los resabios de partidos políticos que en los hechos dejaron hace tiempo ya de existir, ha sentado las bases de una concentración del voto opositor y dejado en el camino a muchos otros aspirantes que fracasaron en su intento de encabezar un frente alternativo al partido oficialista.
Desde el punto de vista cuantitativo, es incuestionable el éxito que logró Manfred Reyes Villa. Fue tan fulminante el efecto mediático que consiguió, que dejó a sus rivales aturdidos, sin poder mantener vivas sus expectativas. Fue tan desventajosa la situación en que quedaron, que el candidato del MNR, Germán Antelo, Víctor Hugo Cárdenas y Jorge Quiroga no tuvieron más remedio que reconocer su derrota y dar un paso al costado para dejar el camino expedito a quien fue más eficiente en la tarea de reclutar aliados.
Han quedado sin embargo muchas dudas sobre el aspecto cualitativo de la coalición resultante. Es que son tantas y tan heterogéneas las corrientes políticas que decidieron unirse alrededor de la figura de Manfred Reyes Villa, que resulta inevitable recordar las limitaciones que experiencias similares mostraron en el pasado.
Las decisiones que deberán tomarse durante las próximas horas, las que faltan para que venza el plazo para la inscripción de los candidatos a diputados y senadores que acompañarán al binomio principal, serán sin duda la primera prueba de fuego para la cohesión de un frente cuya principal, si no única fortaleza, radica en el “antievismo” que aglutina a sus integrantes. Intentar satisfacer las ambiciones de las casi veinte agrupaciones políticas que disputan un espacio en la “franja de seguridad”, será el primer gran desafío para los constructores de esta “hipercoalición”.
Serán seguramente muchas las aspiraciones que queden defraudadas y muchos los fracasos que abonen el potencial éxito de la coalición naciente. El MNR, que por primera vez en los últimos 70 años estará ausente de un acto electoral es sin duda el mayor de los perdedores. Tuto Quiroga y Víctor Hugo Cárdenas tampoco serán los últimos en quedar a la vera del camino, excluidos de un “Arca de Noe” que no podrá albergar a todos los que quisieran un lugar en ella.
Los próximos días, cuando se conozca a los candidatos a senadores y diputados, estará más clara la naturaleza de una coalición cuyo principal desafío es ahora compatibilizar la cantidad, que la tiene, con la calidad. Es de esperar que los elegidos estén a la altura de las expectativas que los preceden.

jueves, 28 de mayo de 2009

Más dudas sobre las elecciones


No será nada fácil detener la firme decisión con la que el MAS se enrumba hacia las elecciones de diciembre con o sin nuevo padrón



La decisión de la comisión evaluadora de las propuestas para el padrón biométrico, que declaró desierto el contrato de adjudicación, debido a que ninguna de las empresas que presentó sus propuestas cumple los requisitos mínimos exigidos, ha vuelto a poner en riesgo la realización de las elecciones de diciembre próximo en condiciones que resulten aceptables para todos.

El asunto, grave de por sí, lo es mucho más si se considera el contexto político en el que se presenta este nuevo escollo en el camino que debía conducir a las urnas. Es que está ya tan avanzado el proceso de destrucción de la institucionalidad republicana que no es sólo el proceso electoral el que está amenazado. Hemos llegado ya a un punto en el que lo que está en riesgo es la preservación del sistema democrático en nuestro país.

Los factores que nos han conducido a tan trágica situación son los mismos que durante los últimos años han ido minando con singular eficiencia las bases de la institucionalidad democrática. Por una parte, el indisimulado afán del Movimiento al Socialismo de crear con paciencia y meticulosidad las condiciones óptimas para la instauración de un régimen totalitario, y por otra la inexistencia de una oposición política capaz de evitar que el proceso avance en esa dirección.

Como era de prever, el MAS ya tiene un plan de acción para sacar provecho a las dificultades que trae consigo el empadronamiento biométrico. Ya presentó un proyecto de ley para modificar el Código Electoral, aprobado a comienzos de abril, que autorice a la CNE utilizar el actual registro de electores, pese a los cuestionamientos de la oposición. Su obvio objetivo es revertir la derrota que sufrió en abril.

La oposición, en cambio, como ya es habitual, no tiene mejor idea que atrincherarse en una posición quejumbrosa y defensiva. Incapaz de salir de su permanente extravío, no tiene una propuesta digna de ser tomada en cuenta y mucho menos un plan de acción que pueda hacer frente al del oficialismo.

Las pocas voces opositoras que se oyen provienen de iniciativas individuales. Es el caso de los senadores de de lo que era Podemos, Carlos Böhrt y Luis Vásquez, ninguno de los cuales representa a nadie más que a sí mismo. Por su parte, algunos aspirantes a candidatos intentan opinar sobre el asunto, pero lo hacen sin ninguna autoridad porque ni siquiera cuentan con una organización política legalmente reconocida.

En esas circunstancias, no será nada fácil detener la firme decisión con la que el MAS se enrumba hacia las elecciones de diciembre con o sin nuevo padrón. El tiempo corre a su favor y no hay porqué suponer que desperdicie la oportunidad que le presenta la absoluta y total ausencia de un rival. Quien pretenda llenar ese vacío deberá estar listo para ir a las urnas, así sea con el antiguo padrón.