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sábado, 31 de octubre de 2009

Un sano debate en Santa Cruz

Una sociedad que asume el reto de mirarse ante el espejo de la crítica y la autocrítica; que reconoce sus limitaciones pero también, y sobre todo, sus enormes potencialidades, es una sociedad sana y llena de vitalidad

En ocasión de conmemorarse el 59 aniversario del Comité pro Santa Cruz, el matutino El Deber tuvo la feliz iniciativa de promover un debate acerca el papel que esa institución ha jugado durante los últimos años y para que, sobre la base de una evaluación autocrítica de los aciertos que tuvo y los errores que cometió, tome las decisiones necesarias para recuperar un liderazgo que hoy atraviesa por una muy profunda crisis.

El tema merece ser visto con atención no sólo por los cruceños sino por todos los bolivianos, pues por muchas razones Santa Cruz juega un rol cuya importancia, para bien o para mal, afecta a todo nuestro país. Se trata de un debate que no ha hecho más que comenzar y bueno sería que de él participen todos quienes se sienten involucrados en la búsqueda de mejores horizontes para el futuro nacional.

La iniciativa de El Deber, en sí misma encomiable, lo es más aún si se considera el amplio espíritu pluralista que se reflejó en la diversidad de los puntos de vista políticos e ideológicos que representaron los participantes invitados. Tuvieron la oportunidad de hacer oír sus opiniones tanto los más firmes defensores de la institución cruceña, como su actual presidente, Luis Núñez, hasta uno de sus más severos críticos, como el socialista Jerjes Justiniano.

Como no podía ser de otro modo, fueron muchos los temas en los que las discrepancias afloraron pero fueron también grandes las coincidencias. Todos estuvieron de acuerdo, por ejemplo, en que Santa Cruz debe asumir como un dato de la realidad innegable que Bolivia está atravesando por un profundo proceso de cambios y que lejos de negarlo, lo que corresponde es comprenderlo y participar de él “sobre la base de una ideología regional, pero con visión nacional”.

Coincidieron también al reconocer que el liderazgo cruceño ha perdido durante los últimos tiempos mucho del vigor que en algún momento tuvo y que uno de los principales retos del comité cívico es buscar la forma de recuperarlo. Ardua tarea que no podrá ser cumplida exitosamente si no se revierten los factores que dieron lugar a los recientes fracasos.

Un tema central que fue abordado pero no con suficiente detenimiento y tampoco se plasmó en conclusiones claras, por lo que sin duda deberá seguir siendo objeto principal de las futuras reflexiones, es el relativo a los límites que impone el rol cívico del comité y su relación con la práctica política. El hecho de que durante los últimos años haya asumido un papel eminentemente político en sus enfrentamientos contra el proyecto de país desarrollado por el MAS desde la gestión gubernamental, es uno de los aspectos más cuestionados.

Fueron sin duda muchos los temas que no llegaron a ser suficientemente debatidos dada la complejidad de cada uno de ellos, pero lo importante es que se ha iniciado un proceso que, es de esperar, ya no se detenga. Una sociedad que asume valientemente el reto de mirarse a sí misma ante el espejo de la crítica y la autocrítica; que reconoce sus limitaciones pero también, y sobre todo, sus enormes potencialidades, es una sociedad sana y llena de vitalidad. Es por eso de esperar que este ejemplo que da Santa Cruz, como muchos otros, sea seguido en otras regiones del país.

sábado, 24 de octubre de 2009

La “juventud cruceñista” y el MAS

La alianza entre los líderes de la “juventud cruceñista” y el MAS confirma que las similitudes entre quienes desprecian la legalidad democrática son siempre mayores que sus eventuales diferencias



Hace un año, en octubre de 2008, las principales organizaciones de la oposición cívica de Santa Cruz comenzaban a salir del aturdimiento en que las dejó la contundente derrota de que les inflingió el gobierno de Evo Morales. Comenzaban a tomar consciencia de la magnitud del error que cometieron al optar por la vía de la violencia, al dar batalla en un terreno en el que, como debió ser evidente, el oficialismo tenía todas las de ganar.

Como cabe recordar, hasta poco antes la oposición cívica cruceña, y tras ella la de la “Media Luna”, pasaba por su mejor momento. Habían logrado resonantes triunfos políticos a través de medios pacíficos--los “referendos autonómicos”--, contaban con enorme respaldo popular, habían logrado poner en una muy difícil situación al gobierno que, por primera vez, parecía condenado a negociar, hacer concesiones, limitar sus aspiraciones de alcanzar el control total del proceso político nacional.

Tan favorables condiciones fueron súbitamente desbaratadas cuando en las filas cívicas se impuso una corriente más proclive a las vías de hecho, a la radicalidad en el discurso y en los actos. Los líderes tras los que se alineaba la Unión Juvenil Cruceñista, con el franco respaldo de mayoría de los miembros del Comité Cívico, terminaron imponiendo su lógica belicista y se procedió, así, a la toma violenta de las principales instituciones del Estado.

Tal ofensiva fue pronto emulada en otros departamentos. Y los líderes de la UJC fueron aclamados como héroes. Hubo, felizmente, muchas voces que oportunamente alertaron sobre la magnitud de tal despropósito. Pero fueron acalladas. Se llegó al extremo de amenazar con imponer “la muerte civil” a quienes tuvieron el valor de oponerse a los métodos delincuenciales aplicados por la “juventud cruceñista” y sus admiradores.

No pasó mucho tiempo antes de que los resultados obtenidos pusieran en evidencia cuán equivocados estaban quienes creyeron que las hordas delictivas elevadas a la categoría de vanguardia de la oposición cívica eran paladines de la defensa de la autonomía, la libertad y la democracia. Pocos días bastaron para que el gobierno aproveche tan excelente ocasión y aseste un golpe tan contundente que fue suficiente para modificar definitivamente y a su favor, el curso del proceso.

Los acontecimientos del 11 de septiembre de Pando, y la posterior detención de Leopoldo Fernández, marcaron el punto culminante de la malhadada ofensiva cívica. Fue el punto de inflexión a partir del que el hasta entonces vertiginoso ascenso de la oposición cívica se transformó en una caída al vacío.

Ahora, un año después, las consecuencias de tan enorme extravío político no dejan de hacerse sentir. La alianza suscrita entre los más prominentes líderes de la “juventud cruceñista”, los mismos que hasta hace poco eran todavía ensalzados como dignos exponentes del “heroísmo” con que en “épicas jornadas” se opusieron al “totalitarismo comunista”, ha ratificado una vez más que las similitudes entre quienes desprecian los valores y principios inherentes a la legalidad democrática son mayores que sus eventuales diferencias. Una lección que los actuales aspirantes a liderar la oposición no deben dejar de asimilar.

domingo, 20 de septiembre de 2009

“Halcones” y “palomas” en Santa Cruz

… Al ser Santa Cruz el bastión principal de la oposición, resulta inevitable que ese conflicto de visiones se reproduzca en el escenario político nacional



La semana que concluye ha estado marcada por las pugnas internas entre dos fracciones en que se han dividido las principales instituciones de Santa Cruz. El Comité Cívico, la Cainco con todas las cámaras sectoriales que la integran, y hasta los principales clubes de fútbol han sufrido las consecuencias. Y aunque los principales representantes de las dos fracciones en que está dividida la oposición se han esmerado por eludir el asunto, es bien sabido que tanto el Plan Progreso como Unidad Nacional han sufrido los efectos del sismo.
Para quienes más informados están de los entretelones de la actividad económica, política y social cruceña no fue nada sorprendente que tan intempestivamente hayan salido a luz las fisuras. Es que la historia tiene ya larga data y sus antecedentes se remontan incluso a décadas pasadas. Lo admirable, desde ese punto de vista, es que el conflicto se haya mantenido tanto tiempo latente y sea recién ahora, en vísperas del proceso electoral que se inicia, que se manifieste.
Según una de las explicaciones sobre el origen de esas disputas, la causa estaría en una ya antigua disputa por el control del poder local en que están enfrascadas dos logias, “Caballeros del Oriente” y “Toborochi”. Y aunque todo parece indicar que hay mucho de cierto en eso, más relevante parece ser un conflicto de visiones sobre la mejor manera de afrontar los retos políticos y económicos que plantea a las élites cruceñas el gobierno de Evo Morales y el proyecto político que encabeza.
Más que entre logias, la división estaría dada entre “halcones” y “palomas”, dos términos que se hicieron muy comunes en ambiente político estadounidense y que ahora son empleados para identificar en todo el mundo a dos maneras diferentes de afrontar los conflictos.
Se califica como “halcones” a quienes prefieren la mano dura, la negación de los problemas y la confrontación. Desconfían de la política y la diplomacia y son proclives a recurrir a las acciones de hecho, a las vías de la violencia. Para ellos, los oponentes más que rivales son enemigos.
Las “palomas”, por el contrario, se inclinan por la concertación, la diplomacia y la reforma gradual de las condiciones que les son adversas. Están más dispuestos a negociar haciendo las concesiones que eso implica, y priorizan las vías legales y pacíficas para hacer frente a sus rivales.
Dados los antecedentes del caso, esa y no otra parece ser la verdadera naturaleza de las discrepancias que han puesto a los sectores de la oposición cruceña en dos bandos antagónicos. Y siendo Santa Cruz el bastión principal de la oposición, resulta inevitable que ese conflicto de visiones se reproduzca en el escenario político nacional.
A primera vista, el Plan Progreso sería la opción política de los “halcones” y UN la de las “palomas”. Tendrán que ser los candidatos de ambas fórmulas los que asuman una posición al respecto, para lo que deberán dejar de eludir un tema que por su importancia no debe quedar al margen del debate político actual.

sábado, 9 de mayo de 2009

Pando, lo importante y lo banal


Mientras unos investigaban el contrabando de televisores en Pando, otros tenían asuntos mucho más importantes que atender

Hace algo más de ocho meses, el departamento más pequeño del país, del que muy pocas veces provenían noticias dignas de figurar en la prensa nacional, comenzó a ser objeto de atención. Es que se supo que en Pando se producía una serie de movimientos muy sospechosos, los que daban motivos para temer que algo raro estaba ocurriendo en tan alejado rincón del territorio nacional.

Entre quienes intentaron comprender de qué se trataba hubo dos corrientes. Una de ellas preveía que por muchas razones Pando había sido elegido como un importante escenario de la confrontación entre las fuerzas del oficialismo y las de la oposición. La otra, se empeñó en reducir el problema a un simple y vulgar caso de contrabando.

Fue esa segunda interpretación la que se impuso entre los parlamentarios de la oposición y por eso, creyendo que se les presentó una buena ocasión para empañar la imagen gubernamental, concentraron todos sus esfuerzos y energías en el afán de hacer del misterioso caso de los 33 camiones todo un asunto de Estado. Como si no fuera bien sabido que son cientos los camiones que a diario eluden los controles aduaneros. Y como si no hubiera habido motivos para suponer, además, que algo muchísimo más grave se estaba fraguando en el punto más débil de la “Media Luna”.

Dedicados a perseguir a unos cuantos contrabandistas de electrodomésticos, empeñados en descubrir si hubo coima de por medio o no, si los camiones pasaron de día o de noche, los diputados de la oposición mostraron cuán lejos están de discernir entre lo que es importante y lo que no lo es.

Mientras tanto, teniendo cosas más serias de las qué ocuparse, el Gobierno dejó impávido que el tiempo y las investigaciones avancen, seguro de que para resolver tan nimio asunto sus diputados bastaban. Con mucho gusto vio cómo los 33 camiones fueron suficientes para que pase a un plano muy secundario el proceso que condujo a la militarización de Pando, el primer paso hacia la destrucción de la oposición cívico-regional.

El resultado de tanto extravío no podía ser distinto del que ahora se conoce. El oficialismo se abanica con el informe aprobado por su bancada y se ríe de los otros dos, el de sus aliados “Sin Miedo” y el de la oposición. A nadie preocupa que el Ministro de la Presidencia y el Prefecto interventor de Pando queden impunes pues lo que está en juego en la Bolivia de hoy es mucho más importante que desentrañar los ya conocidos procedimientos de los que desde siempre se valieron los contrabandistas de televisores y licuadoras.

Así, mientras unos pierden su tiempo tratando de descubrir la fórmula del agua tibia, otros se dedican a consolidar un régimen en el que la facilidad con que se burlan los controles aduaneros no será uno de los mayores motivos de preocupación.