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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Nuevas dudas sobre el padrón

“…las deficiencias que queden en el camino tendrán que ser objeto de atención ya no en función al 6 de diciembre, sino a un futuro menos condicionado por las urgencias inmediatas”

El 19 de julio pasado, en este espacio editorial al referirnos a la manera como comenzaba a encararse e proceso electoral, decíamos que la oposición: “…tiene sólo dos caminos. O se pone a la altura de las circunstancias y aprovecha el poco tiempo que le queda para hacer algo serio, (…) o comienza a buscar pretextos para justificar su fracaso. Es de esperar que opte por lo primero”.

Desgraciadamente, cuatro meses después, debemos lamentar que haya sido el segundo el camino elegido. No otra cosa significa el súbito entusiasmo con que algunos portavoces de la oposición han comenzado a desparramar dudas sobre la calidad y transparencia del padrón biométrico. Después de haberlo alabado desmedidamente, ahora vuelven a dirigir su atención al empedrado para echarle la culpa por sus tropiezos y caídas.

Y no es que falten motivos para poner en duda las cualidades milagrosas que hasta poco se atribuían al famoso padrón biométrico. Por el contrario, ellos abundan. Pero no recién ahora, pues todo lo que los flamantes detractores del padrón biométrico dicen hoy es exactamente lo mismo que podía y debía haber sido dicho con la debida oportunidad.

Haber creído que como por arte de birlibirloque el padrón biométrico resolvería las múltiples deficiencias que más que al antiguo padrón eran y siguen siendo atribuibles a lo corrompido que está el registro civil de nuestro país, fue siempre, y no ahora, un grave error.

Tan erróneo como eso fue sobrestimar las cualidades de los artilugios tecnológicos. “No debe perderse de vista que por modernos y eficientes que sean ese los recursos técnicos empleados para empadronar a la ciudadanía seguirá siendo siempre el factor humano el principal. Las máquinas y los sistemas informáticos son sólo herramientas y los resultados que arroje su aplicación dependen de las intenciones de los operadores”, decíamos en este espacio el 19 de junio pasado.

Insistimos, por eso, en muy numerosas oportunidades, en que “la transparencia y confiabilidad del próximo proceso electoral sigue dependiendo, como antes, de la capacidad que tengan las organizaciones políticas de la oposición de supervisar todo el proceso. “Mientras los partidos políticos no sean capaces de ejercer su derecho y cumplir su obligación de hacerse presentes con sus representantes en todo el territorio nacional para supervisar desde el registro hasta la emisión y cómputo de los votos, de nada habrá valido todo el esfuerzo que se está haciendo para construir un cost oso padrón biométrico”, dijimos.

Hasta ahora, ninguno de los frentes opositores ha cumplido con ese deber fundamental. Ninguno ha designado representantes oficiales y capacitados para supervisar el proceso por lo que ahora, cuando se ven los resultados de su desidia, carecen de la autoridad moral necesaria para hacer reclamo alguno.

Por eso, como ya lo dijimos el 1 de octubre, muy a pesar de que el padrón biométrico no estará libre de gravísimas imperfecciones, “las deficiencias que queden en el camino tendrán que ser objeto de atención ya no en función al 6 de diciembre, sino a un futuro menos condicionado por las urgencias inmediatas”.

martes, 20 de octubre de 2009

Dudas y certezas sobre el nuevo padrón

…si hay algo que queda claro es que el Padrón Biométrico dará al próximo acto electoral una legitimidad que estará muy por encima de toda duda



Aunque todavía no se conoce la cifra final con la que se cerrará el Padrón Biométrico, pues los datos siguen llegando de provincias alejadas y no ha concluido el proceso de depuración, ha quedado claro que todas las previsiones fueron superadas. Con toda razón, los miembros del Órgano Electoral que hicieron posible la hazaña se sienten tan orgullosos.

Ya se ha dicho que tan notable resultado no habría sido posible sin la extraordinaria muestra de espíritu cívico que una vez más dio el pueblo boliviano. Pero hay que insistir en ello una y otra vez, pues no es un detalle menor. Es, más bien, el más sólido pilar sobre el que a pesar de todo se sostiene el sistema democrático de nuestro país.

Hay que insistir también, aun a riesgo de aparentar un exceso de suspicacia, en que son todavía muchas las dudas que se pueden vislumbrar tras las cifras que arroja el Padrón Biométrico. Despejarlas debe ser el próximo paso que dé el Órgano Electoral para completar su hasta ahora impecable labor.

Un análisis comparativo entre el número de personas habilitadas para votar con el antiguo padrón durante los últimos actos electorales y referendos, y los datos del nuevo padrón da una pauta de lo que nos inquieta. Es que nos encontramos ante dos posibilidades mutuamente excluyentes. O el antiguo padrón no estaba tan contaminado como se creía y como denunciaba la oposición, o el nuevo padrón es tan poco confiable como el que viene a sustituir.

Si la primera hipótesis es la correcta, quienes tanto empeño pusieron al afán de deslegitimar los resultados de las últimas votaciones atribuyéndolos a un supuesto fraude masivo realizado a través de “miles, decenas de miles, y hasta cientos de miles de “fantasmas”, “clones” y muertos que usurparon la “voluntad popular”, tendrán que disculparse.

La segunda posibilidad consistiría en que tales denuncias eran ciertas y, como la cantidad de inscritos no sólo que no disminuyó sino que se incrementó notablemente, sólo cabría suponer que el nuevo padrón está tan lleno de irregularidades como el anterior. Si fuera así, sólo cabría esperar que durante los próximos días se produzca una masiva depuración. Los informes preliminares, sin embargo, descartan esa posibilidad. Las inscripciones dobles hasta ahora detectadas serían tan pocas que su incidencia en el conjunto sería insignificante.

Hay, sin embargo, otros datos que dan cuenta de un fenómeno mucho más relevante desde el punto de vista de la demografía electoral. Se trata del desproporcionado crecimiento del número de potenciales electores en algunas regiones del país, y su disminución, también desproporcionada, en otras.

Al ver los datos, no es difícil sospechar que se están produciendo masivas migraciones de unos departamentos a otros, y de unas provincias a otras, e incluso entre barrios de algunas ciudades, para reforzar la presencia de seguidores de la fórmula oficialista allá donde escasean. Lo que sin ser del todo ilegal, sí denota un afán de manipular la voluntad popular.

De cualquier modo, salvo sorpresas de último momento, si hay algo que queda claro es que el Padrón Biométrico dará al próximo acto electoral una legitimidad que estará muy por encima de toda duda, y a los políticos y asesores intelectuales de la oposición los privará de lo que durante los últimos tiempos fue su principal argumento.

viernes, 16 de octubre de 2009

Censo urgente

Si tenemos recursos para consultas populares por todo y por nada, ¿por qué no podemos disponer de una parte para un dato que es imprescindible en la planificación de nuestro desarrollo?

El registro en el padrón biométrico cerró esta madrugada con un balance más que positivo: todo cálculo previo fue rebasado pues se llegó a la impensada cifra de 4,8 millones de inscritos. Semejante éxito amerita nuevos desafíos

En teoría, un padrón electoral aglutina a las personas en edad de votar. Tomando en cuenta que la edad mínima para el sufragio y el ejercicio de la ciudadanía es 18 años, se supone que en el registro están las personas que tienen esa edad o más.

Según los datos, todavía preliminares, de la Corte Nacional Electoral, unas 4,8 millones de personas se inscribieron en el nuevo padrón, cuya principal característica es que registra datos biométricos; es decir, firma, fotografía y, especialmente, las huellas dactilares de los inscritos.

Manejando simplemente esos resultados, habría que decir que el padrón biométrico nos proporciona un dato bastante aproximado de las personas en edad de votar que viven en nuestro país. Si restamos a las aproximadamente 160 mil personas que se registraron en el exterior, tenemos una base de datos nacional de 4,6 millones de ciudadanos que sigue siendo bastante respetable y está muy por encima de las previsiones iniciales.

¿Hay 4,6 millones de personas en edad de votar en Bolivia?

El último Censo Nacional de Población y Vivienda se realizó el año 2001 y, sobre la base de los resultados que arrojó, se estima que la cifra de habitantes de nuestro país subió a 8,2 millones de habitantes hasta 2008.

El dato sobre la población de un país, departamento, municipio o circunscripción no es simplemente estadístico ya que se emplea en la planificación del desarrollo.

Por ello, el 21 de junio de 2000 se promulgó una ley, la 2105, que modificó la Ley de Participación Popular en la parte que corresponde a la planificación y fijó la obligatoriedad de realizar censos de población y vivienda en todos los años terminados en cero. En función a dicha ley, el próximo año tendría que realizarse un censo, pero como este gobierno se ha acostumbrado a atropellar nuestro ordenamiento legal (recordemos que el presidente dijo "yo le meto nomás" porque luego vienen los abogados a arreglar el entuerto), ya se anticipó que el recuento no se realizará.

La imposibilidad de contar con un dato poblacional actualizado evitará un buen trabajo en la planificación del desarrollo. Más aún, los datos que arroja el registro biométrico demuestran que la proyección de 8,2 millones de habitantes para el 2008 está alejada de la realidad. Si los mayores de 18 años son 4,6 millones, ¿a cuántos llegaremos con los menores de esa edad? La proyección, ya sin respaldo científico, de que el país tiene unos diez millones de habitantes es válida estadísticamente, pero no para fines de planificación del desarrollo.

Tras los datos del exitoso registro en el nuevo padrón, no sólo se hace urgente un censo el próximo año, cumpliendo lo dispuesto por la Ley 2105, sino que, siempre en función planificadora, habría que modificarla imponiendo que esos recuentos se realicen cada quinquenio.

jueves, 1 de octubre de 2009

El empadronamiento biométrico

Las deficiencias que queden en el camino tendrán que ser objeto de atención ya no en función al 6 de diciembre, sino a un futuro menos condicionado por las urgencias inmediatas

Los informes que a diario emite el Órgano Electoral Plurinacional –nombre que no acaba de desplazar al de la Corte Nacional Electoral, como ocurre con muchos otros aspectos del “proceso de cambio”—son aparentemente de lo más halagüeños. Ya se ha superado el hito de los cuatro millones de empadronados y no es difícil suponer que durante los días que faltan para que se cumpla el plazo se empadrone medio millón más de personas.

Tales cifras han dejado, por lo menos por ahora, sin argumentos tanto al oficialismo como a la oposición. Al oficialismo, porque se ha desbaratado su afán de mantener vigente el viejo padrón. Y a la oposición, porque su artillería verbal basada en la acusación de que en el viejo padrón había cientos de miles de “fantasmas”, --hasta un 30 por ciento, decían— resulta insostenible.

Ambas partes basaron su estrategia propagandística en supuestos falsos. Los unos porque se ha demostrado que el padrón biométrico no excluye a nadie, y los segundos porque los datos del número de inscritos, y su distribución geográfica, ratifican las mismas tendencias que según ellos eran fruto de una aviesa manipulación.

Lo bueno de todo el descomunal esfuerzo que se está haciendo es que todos los que por una u otra razón quisieron deslegitimar la institucionalidad democrática quedaron sin pretextos para justificar sus respectivas limitaciones. Lo malo es que los problemas de fondo siguen y seguirán opacados por las siempre engañosas apariencias.

Es que como dijimos en más de una ocasión en este espacio editorial, las muchas irregularidades detectadas en el antiguo padrón más que a un expreso propósito de hacer fraude se debían a lo enormemente corrompido que está en Bolivia el sistema de identificación personal. Y eso es algo que trasciende con mucho el problema del padrón electoral. Tanto es así, que por sofisticada que sea la tecnología que se utilice no se habrá resuelto el problema de fondo.

Ahora, cuando está a punto de concluir la primera fase de la construcción del nuevo padrón, todo parecería indicar, siempre según las apariencias, que el sistema de registro biométrico ha sido suficiente para despejar las dudas. La conducta de la ciudadanía, que una vez más ha dado muestras de estar muy por encima de las élites que actúan en su nombre tanto desde el oficialismo como desde la oposición, ha sido, hasta ahora, la clave del éxito.

Hay que insistir, sin embargo, aún a riesgo de incurrir en un exceso de suspicacia, en que el meollo del asunto está aún por resolverse. Es que si las dudas sobre el antiguo padrón tenían algún fundamento, éstas sólo podrán ser despejadas cuando tras la etapa del empadronamiento, se ingrese a la de la depuración. Y es entonces cuando el sistema que tantas expectativas despertó pasará por su verdadera prueba.

Sea como fuere, lo cierto es que ya nadie tiene derecho a poner en tela de juicio el proceso electoral y los resultados que arroje. Las deficiencias que queden en el camino tendrán que ser objeto de atención ya no en función al 6 de diciembre, sino a un futuro menos condicionado por las urgencias inmediatas. Reconstruir el sistema de identificación nacional no es la menor de las tareas pendientes.

martes, 1 de septiembre de 2009

El MAS y el padrón biométrico


Ante la ausencia de una oposición seria, el oficialismo ya no necesita distraerse en acciones que podrían empañar la legitimidad de su triunfo

Uno de los últimos escollos que se hallaban en el camino que conduce a las elecciones del 6 de diciembre próximo, ha sido felizmente superado gracias a la encomiable eficiencia con que el Órgano Electoral viene cumpliendo la titánica tarea que se le dio. Fueron tan contundentes los datos presentados al presidente Morales y a su equipo de más estrechos colaboradores sobre el buen avance del empadronamiento biométrico, que el MAS decidió deponer su amenaza de aplicar un “padrón mixto”.


Era previsible que el oficialismo asuma tal actitud, pues sus estrategas deben haber comprendido que el costo político de mantener vigente un padrón sobre el que con razón o sin ella penden demasiadas dudas y suspicacias habría sido mucho mayor que los beneficios. Es tan grande la ventaja que tienen los candidatos del MAS sobre sus rivales de la oposición, que no tenía ningún sentido tender una sombra de duda sobre la legitimidad de una victoria que ya se avizora holgada ante la ausencia de un rival digno de consideración.

Es también posible suponer que la presión externa, expresada a través de gobiernos, organismos internacionales y fundaciones privadas, como el Centro Carter, hizo su parte. Difícilmente se habrían prestado a avalar una causa tan desprestigiada como es la vigencia del antiguo padrón electoral, lo que dio una razón adicional para que el oficialismo opte por no abrir un nuevo frente de batalla, en condiciones adversas, cuando tiene tantos en los que sí lleva todas las de ganar.
A esos factores que jugaron a favor del padrón biométrico se suma sin duda la ineptitud de una oposición que no pone en ningún riesgo la previsible victoria oficialista. Tal como se presenta el escenario político, el MAS no sólo ganará holgadamente las elecciones de diciembre; tendrá además una amplia mayoría en las dos cámaras de la Asamblea Legislativa Plurinacional, lo que hace superfluo un plan de acción originalmente concebido para otro escenario.

Algo similar puede decirse de otro recurso que el oficialismo concibió para afrontar una batalla electoral que hace algunos meses no parecía tan fácil. El trasvase de votos de un departamento a otro, mediante las migraciones de militantes del MAS a Pando, respondía a la suposición de que en ese departamento se disputaría palmo a palmo, voto a voto, cada una de las senadurías y diputaciones y que cada una de ellas sería decisiva llegado el momento de hacer el balance final. Al no tener rival al frente, el oficialismo puede ahora prescindir de tan descarado truco y concentrar sus fuerzas en acciones menos engorrosas y más rentables.

El primer efecto de la facilidad con que la oposición le deja al MAS despejado el camino que conduce a su consolidación en el poder es, pues, paradójicamente, positiva. Es que el oficialismo ya no necesita distraerse en acciones que debiliten aún más la salud de nuestro sistema democrático.

martes, 18 de agosto de 2009

Más escollos en el proceso electoral


Ante la indiferencia de la oposición, y para beneplácito del oficialismo, se multiplican los escollos en el camino que conduce a las urnas

Hace algo más de un par de semanas, cuando se inició en nuestro país el empadronamiento biométrico de las personas habilitadas para votar en las elecciones previstas para diciembre próximo, una oleada de optimismo se llevó las muchas dudas y temores que hasta entonces se cernían sobre la viabilidad y transparencia del proceso electoral.

La puesta en funcionamiento de los primeros equipos, y los primeros reportes oficiales del Órgano Electoral “Plurinacional”, alimentaron el optimismo a pesar de que desde el principio se detectaron muchas dificultades. Mientras tanto, la oposición se olvidó del tema y el oficialismo puso en marcha la cuenta regresiva del plazo que le dio al OEP para que demuestre con los hechos que sí es posible cumplir el cronograma previsto.

Ya faltan sólo cinco días para que se cumpla el plazo que con un gesto de condescendencia dio el MAS y, desgraciadamente, hay motivos para temer que el próximo 23 se reanudará la ofensiva oficialista para resucitar el viejo padrón.

Las razones en las que se basa ese temor son muchas. Es que a pesar del enorme espíritu cívico con que la ciudadanía se movilizó masivamente para empadronarse, el ritmo al que avanza el registro no es el que se esperaba y a ello se suma un sinfín de dificultades técnicas, entre las que se destaca el alto porcentaje de equipos que dejaron de funcionar sólo dos semanas después de haber sido estrenados.

Pero ese no es el único problema. Hay otros, como la delimitación de las circunscripciones “indígena originario campesinas”, cuya potencial carga explosiva recién se ve cuando se intenta llevar a la práctica muchas de las disposiciones de la nueva Constitución
Es tan enorme el embrollo, y tan limitadas las posibilidades del Órgano Electoral de hacerse cargo de él, que los vocales no tuvieron mejor idea que soslayar el asunto a través de una resolución de sala plena mediante la que se decidió que no se delimitarán las siete circunscripciones especiales. Se determinó la creación de “asientos electorales indígenas” y “asientos electorales mixtos” en toda la extensión de los departamentos donde los pueblos originarios podrán inscribirse para votar por sus candidatos.

El asunto, al que hasta ahora nadie dio la importancia que merece, es de una gravedad aún mayor que el relativo al empadronamiento. Es que además del caos que implica, deja abierta la posibilidad de que en los “asientos electorales indígenas” y en los “asientos electorales mixtos”, se cometa todo tipo de arbitrariedades cuando llegue el momento de elegir a los diputados “indígena originario campesinos”. De hecho, la oposición no tendrá, tal como están las cosas, ni la más remota posibilidad de participar, pues los candidatos serán elegidos en cabildos y asambleas plenamente controlados por el MAS.


martes, 4 de agosto de 2009

El padrón biométrico y la ciudadanía

Lo único que puede contrarrestar los factores que confabulan contra el empadronamiento, es la participación activa de la ciudadanía

En medio de una enorme expectativa ciudadana, temores sobre la posibilidad de que en el camino se presenten más dificultades que las que sería de desear, y de una notable falta de compromiso de los principales protagonistas de la actividad política nacional, el pasado sábado se ha iniciado en todo el país el empadronamiento biométrico.

La expectativa se explica por las muchas esperanzas que se han depositado en que este nuevo sistema devuelva a los procesos electorales que se realicen de ahora en adelante la transparencia imprescindible para que las disputas políticas se resuelvan a través de las urnas sin que la voluntad de la ciudadanía sea distorsionada por prácticas fraudulentas. Hay plena consciencia de que del éxito con que se construya el nuevo padrón depende en gran medida la salud de la democracia, razón más que suficiente para que la marcha del proceso sea seguida con máximo interés.

El temor, por su parte, está motivado en las múltiples adversidades que el Órgano Electoral tendrá que vencer para llevar a buen término la tarea que se le ha encomendado. El poco tiempo disponible, que evidentemente es mucho más escaso del que haría falta, es uno de los principales obstáculos. Un sinfín de dificultades técnicas, algunas de las cuales ya se manifestaron durante los primeros días, hacen también temer por el éxito del nuevo sistema.

La tercera característica de proceso que se ha iniciado, finalmente, es tal vez la más importante. Es que por diferentes motivos, ni el oficialismo ni las diversas fracciones en que está dividida la oposición han dado hasta ahora suficientes muestras de compromiso con el empadronamiento biométrico.

Los motivos del oficialismo para esa manera de actuar son bien conocidos. Es que, más allá de las declaraciones de buenas intenciones, sobre cuya sinceridad hay buenos motivos para dudar, en los hechos todo parece indicar que lo que se desea en filas gubernamentales es que el empadronamiento biométrico fracase.

Los motivos del desinterés de la oposición son muy diferentes, pero no menos criticables. Atomizada como está, sin organización ni liderazgo, no está en condiciones de asumir la obligación que tiene de acompañar y supervisar la labor del Órgano Electoral. El hecho de que ni una sola de las organizaciones políticas legalmente habilitadas para participar en el proceso haya nombrado delegados oficiales, lo dice todo.

Hay también motivos para sospechar que algunos de los aspirantes a candidatos desean, en su fuero interno, que el empadronamiento no concluya en el tiempo previsto.

Felizmente, todos los factores mencionados pueden ser contrarrestados y superados por la voluntad de la ciudadanía. En la medida en que la gente acuda a inscribirse oportuna y ordenadamente, disminuirán los riesgos que se ciernen sobre el naciente padrón biométrico.

miércoles, 29 de julio de 2009

Si falla el padrón biométrico…

Unir fuerzas alrededor de esa causa podría ser la primera prueba para una coalición que se una alrededor de una causa y no una persona

Desde este espacio editorial, en más de una ocasión, hemos llamado la atención sobre el enorme riesgo en que se está poniendo la democracia boliviana al depositar todas las esperanzas de su preservación en el padrón biométrico. Y no porque pongamos en duda la necesidad y conveniencia de hacer todos los esfuerzos para devolver la transparencia a los procesos electorales, sino porque son muchas las razones que hacen temer que las dificultades que deberá afrontar el empadronamiento son mayores de las que se quiere creer.
Ante la posibilidad de que tales dificultades impidan que el proceso se desarrolle como sería de desear, el oficialismo, con el apoyo de una de las fracciones en que está dividida la bancada parlamentaria de Podemos, tiene lista una propuesta alternativa. Consiste, como es bien sabido, en realizar las elecciones con un padrón mixto.
La oposición, en cambio, dividida como está, no ha logrado articular un plan de acción para afrontar tal eventualidad, lo que refleja la falta de un liderazgo opositor que esté a la altura de las circunstancias.
Esa ausencia de liderazgo, que contrasta con la abundancia de candidatos, es la principal carencia de los proyectos políticos que están en gestación. Es tan grande el vacío que no hay quién dispute al oficialismo la iniciativa en el escenario político nacional.
De los muchos aspirantes a candidatos, hay uno sólo que, aunque tímidamente, se ha animado a proponer un camino a seguir ante la posibilidad de que el empadronamiento biométrico no se realice en los plazos previstos. Es Víctor Hugo Cárdenas, quien ha propuesto que ante tal eventualidad, las elecciones generales se posterguen.
Esa posibilidad ha sido de antemano descartada por el oficialismo. Y la oposición parlamentaria, como ya es habitual, se ha resignado sin dar batalla, dándose derrotada de antemano, dejándose vencer con el argumento de que postergar el acto electoral sería vulnerar un mandato constitucional.
Tal argumento, sin embargo, es de lo más deleznable por lo que no tendría que ser difícil que algún líder opositor encabece una campaña para desvirtuarlo. Razones y argumentos legales para tal propósito no faltan.
Es de esperar que no sea necesario llegar a ese punto, pero por una elemental previsión política los aspirantes a liderar en el futuro inmediato a la oposición tienen la obligación proponer un plan de acción alternativo al que, como se puede prever, el oficialismo pondrá en marcha a partir el 23 de agosto próximo.
Víctor Hugo Cárdenas ya ha propuesto contrarrestar la propuesta oficialista de utilizar un padrón mixto con la de postergar las elecciones. Corresponde ahora que la idea se plasme en un plan de acción. Unir fuerzas alrededor de esa consigna podría ser la primera prueba para una coalición que se una alrededor de una causa y no sólo de una figura individual.

domingo, 26 de julio de 2009

Incertidumbre que no se despeja

Abundan los motivos para dudar de la sinceridad con que unos y otros expresan sus deseos de que el empadronamiento se realice exitosamente

Dando una muy elocuente prueba de lo importantes que son las instituciones independientes del poder político para la preservación de un sistema democrático, el “Órgano Electoral Plurinacional”, la antigua Corte Nacional Electoral, ha salido al paso de las pretensiones gubernamentales de echar por tierra la construcción del Patrón Biométrico, con lo que además de haber impedido otro triunfo político del MAS ha mantenido viva la confianza del país en su idoneidad.

Ha sido muy oportuna la firmeza con la que los vocales se han opuesto al propósito oficialista, pues si el asunto quedaba en manos de las bancadas opositoras en el Congreso Nacional, hubiera sido inevitable que se aseste un nuevo golpe a la ya tan debilitada democracia boliviana.
El asunto, sin embargo, no ha quedado del todo resuelto. Lo que se ha abierto es sólo una tregua cuya fecha de expiración ya ha sido fijada. Es el 23 de agosto, cuando se evaluará el avance del proceso de empadronamiento. Y la amenaza se mantiene en pie. Si hasta esa fecha no se constata que el registro biométrico puede ser concluido exitosamente se volverá a poner en duda la realización de unas elecciones que merezcan la confianza colectiva.

No es pues nada fácil la posición en que se ha puesto al Órgano Electoral. Muy por el contrario, y a pesar de las ya comprobadas buenas intenciones de quienes conforman tal institución, son muchas las dudas que todavía existen sobre la posibilidad de que el empadronamiento avance según el cronograma fijado. Y mayores aún son las razones para temer que, aunque eso ocurriese, no sea suficiente para garantizar la transparencia que se espera.

Los motivos para las dudas son muchos. Los pobres resultados que hasta ahora ha arrojado la aplicación del sistema de registro biométrico para el control del pago de la renta de vejez, el que funciona con un margen muy alto de error, hacen temer que algo similar ocurra cuando se ponga a prueba el nuevo sistema. Experiencias de otros países también permiten prever que es muy grande la posibilidad de que llegado el momento, el nuevo padrón no funcione como se espera.
A las dificultades técnicas se suman las políticas. Es que abundan los motivos para dudar de la sinceridad con que tanto el oficialismo como las múltiples fracciones de la oposición declaran su predisposición a participar en las elecciones de diciembre con un nuevo padrón. El oficialismo, por razones ya conocidas; y la oposición, porque al no haber logrado organizarse adecuadamente puede caer en la tentación de buscar una postergación del acto electoral.

Así, todo parece indicar que en el fondo, nadie quiere en verdad que el proceso avance exitosamente. Lo que hace temer que dentro de un mes estemos en la misma incertidumbre, con la agravante de que el tiempo para enmendar errores estará ya prácticamente agotado.

viernes, 19 de junio de 2009

Padrón biométrico y transparencia

Los sistemas informáticos son sólo herramientas y los resultados que arroje su aplicación dependen de las intenciones de los operadores

Con la adjudicación a la empresa Nipon Electric Company (NEC), sociedad argentino-japonesa, del suministro del equipo biométrico, la solución informática, la capacitación y el soporte técnico para el empadronamiento de las casi cuatro millones de personas habilitadas para participar en las próximas elecciones generales, se ha superado uno de los últimos escollos que se interponían en el camino que debe conducir a las elecciones de diciembre próximo.

Se ha ingresado así a una nueva fase en la que la parte más pesada de la enorme tarea pendiente recaerá sobre las Cortes Departamentales Electorales. Ellas tendrán que avanzar contra el tiempo por un terreno desconocido, pues la tarea que se le ha encomendado no tiene antecedentes en su ya vasta experiencia acumulada en la organización de procesos electorales.

Por lo que se ha informado, las cortes electorales contratarán a más de diez mil personas eventuales para que participen en el registro de la ciudadanía. Ese personal tendrá que ser sometido a intensos entrenamientos, pues no será nada fácil la tarea que les será encomendada.

Para llevar a término su misión, las cortes electorales tendrán que hallar la forma de motivar a la gente para que se registre sin esperar los últimos días, como es habitual. Es tan enorme la cantidad de gente que deberá empadronarse que sólo si se imprime un ritmo sostenido desde el primer hasta el último día será posible cumplir el objetivo.

En el hipotético caso de que pese a las previsibles dificultades que se encontrarán en lo que queda del camino sean superadas con éxito, y que el objetivo de construir un nuevo padrón biométrico sea alcanzado, se habrá sin duda dado un enorme paso hacia la modernización de nuestro sistema electoral.

No debe perderse de vista, sin embargo, que por modernos y eficientes que sean ese los recursos técnicos empleados para empadronar a la ciudadanía seguirá siendo siempre el factor humano el principal. Las máquinas y los sistemas informáticos son sólo herramientas y los resultados que arroje su aplicación dependen de las intenciones de los operadores.

Por ello, la transparencia y confiabilidad del próximo proceso electoral sigue dependiendo, como antes, de la capacidad que tengan las organizaciones políticas de la oposición de supervisar todo el proceso. Tener delegados que supervisen la marcha del mismo, y una organización capaz de tener presencia en cada mesa a lo largo y ancho del territorio nacional, sigue siendo su obligación principal.

Mientras los partidos políticos no sean capaces de ejercer su derecho y cumplir su obligación de hacerse presentes con sus representantes en todo el territorio nacional durante todo el proceso, para supervisar desde el registro hasta la emisión y cómputo de los votos, de nada habrá valido todo el esfuerzo que se está haciendo para construir un costoso padrón biométrico.

jueves, 28 de mayo de 2009

Más dudas sobre las elecciones


No será nada fácil detener la firme decisión con la que el MAS se enrumba hacia las elecciones de diciembre con o sin nuevo padrón



La decisión de la comisión evaluadora de las propuestas para el padrón biométrico, que declaró desierto el contrato de adjudicación, debido a que ninguna de las empresas que presentó sus propuestas cumple los requisitos mínimos exigidos, ha vuelto a poner en riesgo la realización de las elecciones de diciembre próximo en condiciones que resulten aceptables para todos.

El asunto, grave de por sí, lo es mucho más si se considera el contexto político en el que se presenta este nuevo escollo en el camino que debía conducir a las urnas. Es que está ya tan avanzado el proceso de destrucción de la institucionalidad republicana que no es sólo el proceso electoral el que está amenazado. Hemos llegado ya a un punto en el que lo que está en riesgo es la preservación del sistema democrático en nuestro país.

Los factores que nos han conducido a tan trágica situación son los mismos que durante los últimos años han ido minando con singular eficiencia las bases de la institucionalidad democrática. Por una parte, el indisimulado afán del Movimiento al Socialismo de crear con paciencia y meticulosidad las condiciones óptimas para la instauración de un régimen totalitario, y por otra la inexistencia de una oposición política capaz de evitar que el proceso avance en esa dirección.

Como era de prever, el MAS ya tiene un plan de acción para sacar provecho a las dificultades que trae consigo el empadronamiento biométrico. Ya presentó un proyecto de ley para modificar el Código Electoral, aprobado a comienzos de abril, que autorice a la CNE utilizar el actual registro de electores, pese a los cuestionamientos de la oposición. Su obvio objetivo es revertir la derrota que sufrió en abril.

La oposición, en cambio, como ya es habitual, no tiene mejor idea que atrincherarse en una posición quejumbrosa y defensiva. Incapaz de salir de su permanente extravío, no tiene una propuesta digna de ser tomada en cuenta y mucho menos un plan de acción que pueda hacer frente al del oficialismo.

Las pocas voces opositoras que se oyen provienen de iniciativas individuales. Es el caso de los senadores de de lo que era Podemos, Carlos Böhrt y Luis Vásquez, ninguno de los cuales representa a nadie más que a sí mismo. Por su parte, algunos aspirantes a candidatos intentan opinar sobre el asunto, pero lo hacen sin ninguna autoridad porque ni siquiera cuentan con una organización política legalmente reconocida.

En esas circunstancias, no será nada fácil detener la firme decisión con la que el MAS se enrumba hacia las elecciones de diciembre con o sin nuevo padrón. El tiempo corre a su favor y no hay porqué suponer que desperdicie la oportunidad que le presenta la absoluta y total ausencia de un rival. Quien pretenda llenar ese vacío deberá estar listo para ir a las urnas, así sea con el antiguo padrón.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Tarea ineludible para la oposición

Está en sus manos la oposición la tarea de consolidar no sólo el proceso electoral en marcha, sino la institucionalidad democrática


Dando continuidad a lo que bien puede ser interpretado como un proceso de revitalización del sistema democrático boliviano, el Órgano Electoral ha elegido a quien lo presidirá durante los próximos meses. El vocal Antonio Costas Sitic, quien fue designado por el Congreso Nacional como fruto de un acuerdo entre las fuerzas del oficialismo y la oposición, con el apoyo de las otras dos vocales, devuelve la transparencia y confiabilidad imprescindibles para que los pasos que a partir de ahora se den hacia las elecciones de diciembre sean dignos de la confianza colectiva.

Al asumir el cargo, el flamante presidente del Órgano Electoral ha ratificado su compromiso de hacer todo lo posible y necesario para que el proceso de empadronamiento biométrico sea llevado a cabo en los plazos previstos. Ha reconocido que será una tarea difícil pero no imposible, siempre y cuando se cuente con las condiciones necesarias.
Entre ellas, ha destacado el tema presupuestario. Ha dicho que los 35 millones de dólares inicialmente calculados no serán suficientes, por lo que hará falta asignar un monto adicional para cubrir el presupuesto que asciende a 43 millones de dólares.

A primera vista, el monto puede parecer excesivamente oneroso. Y es probable que sí lo sea si el empadronamiento biométrico ha de servir sólo para los actos electorales. Sin embargo, se ha propuesto ya, con mucha razón, que el esfuerzo económico que deberá hacerse sea considerado una inversión para sentar las bases de un nuevo sistema de identificación personal que sustituya al vigente que, por obsoleto y corrompido, requiere una urgente renovación.

Para que así sea, urge una decisión que debe ser adoptada de inmediato. Una decisión que no corresponde sólo a Órgano Electoral pues involucra a otras instituciones, como la Policía Nacional, cuyo rol en el sistema de identificación personal deberá ser revisado. Tan importante paso, largamente eludido durante los últimos años, corresponde al Congreso Nacional.

Para ello, como para todo lo relativo al acompañamiento y supervisión del proceso de empadronamiento, es imprescindible que los partidos políticos legalmente vigentes, pero sobre todo los que tienen presencia parlamentaria, asuman un papel activo que hasta ahora brilla por su ausencia. Está en sus manos la responsabilidad de consolidar no sólo el proceso electoral que debe culminar el próximo diciembre, sino, lo que es más importante, la institucionalidad democrática.

Los argumentos de los que a modo de pretexto se valieron hasta ahora los parlamentarios de la oposición para incumplir su obligación ya no existen. Ahora, más que nunca, sus reclamos sólo podrán ser interpretados como simples majaderías.

domingo, 3 de mayo de 2009

A revitalizar la democracia

Quienes pretenden asumir el rol de una oposición democrática deben abandonar el victimismo y asumir el rol activo que les corresponde


En medio de la vorágine de noticias a cuál más desalentadora que ha acaparado la atención de la opinión pública de nuestro país durante las últimas semanas, impidiendo que se preste la debida atención a temas tan importantes como el proceso que debe conducir a las elecciones generales de diciembre próximo, durante las últimas horas ha habido dos que merecen ser destacadas. Ambas, felizmente, están relacionadas con la revitalización de la institucionalidad democrática.

Una de ellas, es la relativa a la decisión de José Luis Exeni de dar un paso al costado y renunciar a su condición de representante presidencial ante la Corte Nacional Electoral. La segunda, es el nombramiento, para remplazarlo, de Roxana Ibarnegaray.

La primera es una buena noticia porque Exeni se convirtió en un incordio, un motivo de malestar, un obstáculo para la buena marcha del proceso, un factor que privaba al Órgano Electoral de la transparencia y confianza imprescindible para que el escenario democrático vuelva a ser el más idóneo para que las pugnas políticas se canalicen por la vía pacífica y legal.

El correlato de tal renuncia, el nombramiento de quien ocupará su lugar, es también una noticia alentadora pues la persona nombrada reúne las condiciones necesarias para devolver la credibilidad a una institución tan importante para la salud de la democracia. Por su experiencia y sus antecedentes personales, Ibarnegaray no da motivos a ningún tipo de susceptibilidad.

Tan importantes pasos, sin embargo, no son suficientes. Hace falta, ahora, que el Congreso Nacional cumpla sin más dilaciones la tarea que le corresponde. Debe cubrir las vocalías que desde hace ya tanto tiempo están vacantes. Para ello, es necesario que los parlamentarios, tanto los del oficialismo como los de la oposición, renuncien a la tentación de acomodar en esos cargos a gente que se subordine a sus respectivos intereses.

Pero además, y lo más importante, es que las organizaciones políticas, partidos y agrupaciones habilitadas legalmente para participar en las lides democráticas, abandonen el rol de simples espectadores y asuman el papel protagónico que la ley les asigna. Sobre ellos pesa, en gran medida, la responsabilidad de que el proceso de empadronamiento biométrico se realice sin sombras de duda.

Quienes pretenden asumir el rol de una oposición democrática, deben, de una vez, abandonar el victimismo; esa actitud pasiva que se limita a las quejas y los lamentos. Tienen, más que el derecho, la obligación de participar activamente en el proceso pre electoral y organizarse de modo que en diciembre próximo no haya mesa electoral sin delegados que garanticen el respeto del voto de la ciudadanía. Ya no tienen pretexto para eludir tan importante misión.

martes, 28 de abril de 2009

Padrón biométrico e identidad ciudadana

La propuesta de fusionar el Padrón Biométrico con una refundación del Servicio Nacional de Identificación merece ser apoyada por todos

El presidente de lo que fue la Corte Nacional Electoral, hoy Órgano Electoral, ha hecho una propuesta que bien merece ser tomada en cuenta y respaldada con todo vigor. Se trata de que el Padrón Biométrico que será construido para las elecciones generales del 6 de diciembre, sea al mismo tiempo la base de datos de un nuevo Servicio Nacional de Identificación, que remplace el obsoleto y corrompido sistema de identificación personal.

Es muy oportuna la propuesta, pues si algo equivocado hubo en la manera como durante los últimos meses fue abordado el tema de las sospechas de fraude es que la atención se dirigió a una de las consecuencias, y no a la causa, de la poca credibilidad que merece el actual padrón electoral.

El tema es, como lo saben quienes se preocupan por él más allá de las mezquindades de la pugna política cotidiana, algo que merece ser tratado con más seriedad, sin atribuirlo a la buena o mala voluntad de quien circunstancialmente preside el Órgano Electoral.

La verdadera dimensión del problema es tan grande que hace ya más de veinte años, a fines de los años 80, expertos en el tema vieron con alarma lo mal que estaba y --sigue estando— el sistema boliviano de registro civil e identificación personal. Por eso recomendaron hacer algo radical al respecto y países amigos, como España, y el Banco Interamericano de Desarrollo contribuyeron con multimillonarios financiamientos a diversos programas de modernización. Así se implementó el Registro Único Nacional, primero, y el Registro de Identificación Nacional, después.

El primero de ellos, el RUN, fue ejecutado durante el gobierno de Jaime Paz Zamora. Desgraciadamente, el MIR lo vio como una oportunidad para sacarle rédito electoral y lo desvirtuó de tal modo el gobierno del MNR, a partir de 1993, propuso hacer todo de nuevo e incurrió en la misma tentación ante los comicios de 1997. Durante el gobierno de Banzer, ADN siguió los pasos de sus antecesores. Le cambio el nombre a Registro de Identificación Nacional (RIN) y lo convirtió en un cadáver tan putrefacto como el viejo sistema de identificación que se tenía que remplazar.

Así, entre las muchas culpas que pesan sobre las espaldas de los tres principales partidos políticos que gobernaron Bolivia durante los últimos 25 años, la inexistencia de un sistema confiable de identificación personal es una de las mayores. Resulta por eso tan injusto como absurdo que ese tema sea hoy utilizado como pretexto para que sus herederos justifiquen sus fracasos en las lides democráticas.

Es verdad que, como antes lo hizo el MIR, primero, y el MNR y ADN después, es grande el riesgo de que el MAS pretenda poner el nuevo sistema a su servicio. Pero es un riesgo que bien vale la pena correr pues la otra alternativa, seguir como hasta ahora, es muchísimo peor.