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martes, 10 de noviembre de 2009

Hugo Chávez en pie de guerra

Las pulsiones bélicas de Chávez son algo más que un problema psicopatológico. Son parte de una estrategia geopolítica que merece ser tomada en serio

El presidente de la República “Bolivariana” de Venezuela está en pie de guerra. Está ansioso, muy angustiado, casi desesperado, buscando la forma de abrirse un lugar en la historia, aunque para eso tenga que desencadenar una descabellada conflagración bélica. Megalómano como es, no se conforma con involucrar a su país, sino a todo el continente, e incluso al mundo entero, en una guerra. Y lo que tiene en mente no es una escaramuza fronteriza sino una “guerra de cien años”.

Así lo ha vuelto a proclamar anteayer en “Aló Presidente” el estrado desde donde martiriza todos los domingos al pueblo venezolano. "No perdamos un día en nuestra principal misión: Prepararnos para la guerra y ayudar al pueblo a prepararse para la guerra, porque es responsabilidad de todos", ha dicho, Chávez, y abundan los motivos para creer que habla en serio.

A primera vista podría suponerse que más que un asunto del que deba preocuparse el mundo entero se trata de un objeto de estudio para psiquiatras especializados en ciertos trastornos mentales que suelen afectar a individuos cuyo cerebro sufre alteraciones patológicas. Correspondería por lo tanto someterlo a un tratamiento intensivo de modo que pueda devolvérsele la cordura. Y aunque mucho de cierto hay en eso, desgraciadamente el caso es más complicado de lo que puede caber en una camisa de fuerza.

Es que Hugo Chávez es algo más que un caso clínico. Es uno de los individuos más poderosos del planeta y tiene a su alcance los medios necesarios para que sus intenciones y sus actos, además de ser simples síntomas de insania, sean motivos de preocupación para el mundo entero. Ante un caso parecido ya estuvo la humanidad cuando Adolfo Hitler, o José Stalin, tuvieron la oportunidad de canalizar a través de la guerra sus desajustes mentales y los problemas internos de sus respectivos paises.

Lo que es peor es que, como en ambos casos, Chávez no está solo. Tras él hay un pueblo que, como el alemán o el ruso, tiene tantos resentimientos acumulados que lo hacen proclive a secundar los desvaríos de su líder. Peor aún, el caudillo venezolano cuenta con poderosos aliados que comparten con él similares rasgos psicopatológicos y circunstancias políticas internas y externas parecidas. Mahmud Ahmahinejad es el principal de ellos, pero no el único. Kim Jong Il, de Corea del Norte, Omar al Bashir y Robert Mugabe, en Africa, Kim Jong Il, de Corea del Norte, o los hermanos Castro, en Cuba, son líderes que sin duda alguna se identifican con la idea de desencadenar una guerra apocalíptica.

Pretextos para hacerlo no faltan. La crisis hondureña que, al no haber sido resuelta en los términos que la sensatez aconsejaba, vuelve a poner a Centroamérica como un foco de conflictos tras los que se mantiene encendida una mecha que conduce a una carga explosiva, es un ejemplo. En el otro extremo del mundo, la feroz contraofensiva de los fundamentalistas islámicos en Afganistán e Irak, con Pakistán de por medio. no es ajena a un escenario bélico que desde diferentes vertientes se va configurando alrededor de un mismo eje que tiene a Venezuela e Irán como su motor principal. Y a Bolivia como pieza muy importante.

Mucho podrá decirse, como de hecho se dice, para minimizar el peligro que se cierne tras las aparentemente deschavetadas arengas belicistas de Chávez y los apoyos, por ahora verbales, de Evo Morales. Pero si de correr el riesgo de equivocarse se trata, el único error inadmisible consiste en subestimarlo.

lunes, 2 de noviembre de 2009

El incendiario del continente

Poco parece importarle al primer mandatario venezolano que se astille el clima de paz y de buena vecindad en el continente donde se ha convertido en incendiario furioso



Nunca antes como ahora, sin contar los sangrientos y dolorosos conflictos bélicos que registra la historia contemporánea, se había instalado un peligroso clima de efervescencia en nuestra América morena, sin que nada bueno haga presagiar la situación planteada, con síntomas marcados de empeoramiento.

Uno de los artífices del estado de crispación continental es, sin lugar a dudas, ese personaje con veleidades de libertador, de salvador universal que es Hugo Chávez Frías, presidente de la fraterna Venezuela digna de mejor ventura, que para mayores señales no hace mucho advirtió con generar hasta tres "vietnams" en Bolivia si el Presidente del Estado Plurinacional era derrocado, en una clara e inadmisible injerencia en los asuntos internos del país. En una grosera demostración de su músculo y de su vocación de matón.

Últimamente, se han disparado las tensiones entre Venezuela y Colombia, luego de la matanza de ocho ciudadanos colombianos por un grupo armado irregular en territorio venezolano. Las relaciones de ambas naciones ya se habían tensado y deteriorado a raíz de la instalación de bases militares estadounidenses en Colombia, duramente cuestionada por Chávez y otros mandatarios que le siguen la corriente, entre ellos el nuestro. Otros hechos recientes que atirantan la relación bilateral tienen que ver con la captura de efectivos de seguridad colombianos a los que Venezuela acusa de labores de espionaje y planes de desestabilizar el tonante Gobierno de Chávez.

Poco antes, con su ya habitual incontinencia verbal, Chávez tildó de "retardado mental" al ministro de Defensa colombiano después de que éste expresara su preocupación por vuelos relacionados con el narcotráfico supuestamente con origen en Venezuela y utilizando el espacio aéreo de Colombia. Lo último de su sello, es la nueva andanada verbal contra el "imperio" al que maldijo una y otra vez a tiempo de criticar una resolución presentada al Congreso estadounidense para que el gobierno del presidente Barack Obama incluya a Venezuela en la lista de países patrocinadores del terrorismo.

Poco parece importarle al primer mandatario venezolano que se astille el clima de paz y de buena vecindad en el continente donde se ha convertido en incendiario furioso, dueño omnipotente de las llaves de un mundo que cree tener a su merced en el puño.

Y no es sólo que poco le importe sino que más bien da la impresión de que le incomoda tal clima de paz y de buena vecindad. ¿O por qué siempre aparece con su pata de banco demoledora dispuesto a prender el fuego de la discordia con su vozarrón marcado por la embriaguez que deriva del abuso del poder?

Un espécimen que hay que poner bajo la lupa es este gobernante que tiene sentadas sus posaderas en una nación que, por sus legítimas glorias, no se merece tal atrocidad histórica.

Sin embargo, su suerte está echada y no es para envidiarla.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Irán y Honduras en el escenario mundial

Los casos de Irán y Honduras han logrado unir en una causa común a la diplomacia mundial con algunas excepciones. Bolivia y Venezuela entre ellas

Dos acontecimientos aparentemente distantes entre sí, no sólo por razones geográficas sino por sus respectivos antecedentes históricos, han concitado la atención del mundo durante los últimos días y darán sin duda muchos más motivos para la preocupación durante el futuro inmediato. Se trata de las funestas secuelas que trajo consigo el golpe de Estado perpetrado en Honduras hace casi ya tres meses, y la exacerbación de la amenaza que para la paz mundial representa el régimen iraní de Mahmud Ahmadineyad.

Ambos hechos, a pesar de las distancias que los separan, tienen muchos elementos en común. El más importante es que, aunque por vías de lo más diferentes, convergen en un escenario de conflictos que ya no se circunscriben a sus respectivas áreas geográficas sino que tienen una dimensión planetaria. Son dos manifestaciones de una reedición de lo que durante la segunda mitad del siglo XX fue la “guerra fría”. Como la que tuvo divida a la humanidad durante más de cinco décadas, ésta conlleva la amenaza de “calentarse” en cualquier momento.

En términos de Samuel Huntington, se diría que lo que subyace a los actuales conflictos es un “choque de civilizaciones” y quienes se alinean en uno u otro bando no lo hacen a partir de las concepciones que marcaron el siglo XX, --capitalismo y comunismo— ambas modernas y racionalistas, hijas de la civilización Occidental, sino de la adhesión y el rechazo a todo lo que implica la modernidad y su correspondiente visión sobre el pasado, presente y futuro de la humanidad.

Irán, que bajo la conducción de Ahmadineyad se propone asumir el liderazgo no sólo del mundo islámico sino de los “marginados de la tierra”, plantea su causa como un desafío a la civilización Occidental –judeocristiana— y sus aliados. Y para la “guerra santa” que tiene en mente espera contar con el apoyo de quienes por muy diferentes motivos creen que comparten un “enemigo común”.

Entre sus principales aliados se destacan los regímenes “anticolonialistas”, “anticapitalistas” y “antiimperialistas” representados en el escenario que se configura por Venezuela y Bolivia, en Latinoamérica, y varios países africanos, como Sudán o Zimbabwe. Regímenes todos ellos que en nombre de sus respectivos pueblos están dispuestos a apoyar cualquier aventura.

En ese contexto, ganar a su causa la adhesión de las masas populares de Latinoamérica, África, Asia, así como a los intelectuales “progresistas” del mundo entero, es de vital importancia. Conquistar “las mentes y corazones” de quienes se sienten víctimas de la vida es tan o más importante que dotarse de arsenales de última tecnología.

No es por eso casual que Hugo Chávez, Evo Morales, o el sudanés Omar Al Bashir, figuren entre los principales aliados del régimen iraní. Y que Estados Unidos y todos, absolutamente todos los países del mundo Occidental, bien asesorados por sus servicios de inteligencia, se nieguen a entregar a sus rivales, en nombre de miserables disputas propias de “repúblicas bananeras”, la mente y corazón de amplios sectores del pueblo hondureño que, como otros pueblos, merece algo mejor que tener que elegir entre el chavismo pro iraní y el retorno al reino de la arbitrariedad.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Desenfrenada carrera armamentista

En medio de la carrera bélica que asola la región, la importancia de Bolivia no radica en su poder bélico, sino en su ubicación geográfica

Después de más de dos décadas durante las que estuvo vigente la idea según la que se había arribado ya “al fin de la historia”, y que el triunfo que se suponía definitivo de las democracias liberales en lo político y del liberalismo en lo económico hacían inminente la inauguración de una era de paz en Sudamérica, como en todo el mundo, nuevamente han comenzado a soplar vientos de guerra en la región.

Una desenfrenada carrera armamentista es el primer síntoma de una tendencia que ya ha comenzado a alarmar a quienes ven en las diferencias políticas que separan a los países latinoamericanos el germen de futuros conflictos. Esos temores no parecen infundados, pues prácticamente todos los gobiernos sudamericanos han caído presas de una compulsiva compra de armas.

Los datos de los que disponen organismos especializados en el tema son de lo más elocuentes. Un reciente informe del Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri), por ejemplo, señala que la inversión en armas en Suramérica el año pasado fue de 34.100 millones de dólares. Cifra que se queda corta si se la compara con el cálculo de la Red de Seguridad y Defensa de América Latina (Redsal), según la que los gastos militares se elevan unos 48.000 millones de dólares. Más alto aún es el cálculo hecho por Nueva Mayoría, un centro argentino especializado en análisis militar, que eleva el monto a 51.110 millones de dólares.

Lo cierto, dólar más, dólar menos, es que todos coinciden en calcular en alrededor de 30% el incremento de gastos militares en relación a 2007. La elocuencia de las cifras es pues suficiente para llamar la atención sobre un mal que como un maligno virus se extiende entre políticos y militares de esta parte del mundo.

Los países que se destacan en medio de tanta locura son Venezuela y Colombia, que aumentaron sus presupuestos bélicos en 29,06% y 37,07% respectivamente. Chile, cuyas cuantiosas inversiones en armamento no son nada nuevo, ha incrementado también notablemente sus gastos militares. Pero el que más recursos destina a la compra de armas, es Brasil, con un presupuesto estimado para el 2008 de 27.540 millones de dólares.

Ante semejantes cifras, el caso boliviano parece ridículo por su pequeñez. Los 100 millones provenientes de un acuerdo con Rusia para “gastos militares” se diluyen en la compra de un lujoso avión para los viajes del Presidente Morales y unos cuantos medios de transporte y comunicaciones.

Sin embargo, desde el punto de vista de los expertos en temas militares, la importancia de Bolivia no radica y nunca radicará en su poder bélico, sino en su ubicación geográfica. En cualquiera de las hipótesis de guerra que quitan el sueño a más de un gobernante vecino, tener a nuestro país como aliado vale más que todo un arsenal. Razón más que suficiente para suponer que eso lo que guía la política exterior de Venezuela, Chile y Brasil, los tres más interesados en incrementar su influencia en el “hinterland” latinoamericano.

sábado, 22 de agosto de 2009

Latinoamérica en la encrucijada

La dimensión continental de los tres proyectos de futuro que están en disputa es un tema que no debe estar ausente de los debates electorales

Toda Latinoamérica, así como muchos de los países de la región, se está aproximando a grandes pasos a un punto del camino en el que se abren por lo menos tres opciones entre los que pronto habrá que elegir. Una encrucijada ante la que los tres caminos que se abren, por lo diferentes que son los destinos a los que conducen, obligarán a los gobernantes y a los pueblos a tomar trascendentales decisiones.

Cada uno de los tres caminos tiene sus respectivos abanderados. Colombia y Perú, ya están encaminados por uno de ellos. Brasil, Chile y Uruguay se encaminan por el del medio, y Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, remolcando a Cuba, optan por el tercero.
Los escenarios en que se miden las tres opciones son dos. El internacional, y el que corresponde a las pugnas políticas internas en cada uno de los países. La OEA y Unasur, por una parte, y los procesos electorales que se realizarán próximamente en varios países por la otra.

En el escenario continental, la crisis de Honduras y el acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos son los puntos que marcan la separación de los caminos. Ambos temas han dado cuenta de la magnitud de las discrepancias y de lo intensa que es la lucha por marcar el rumbo a seguir.

Las elecciones que pronto se realizarán en Chile, donde por primera vez en las últimas décadas se perfila una derrota de la Concertación, lo que dejaría abierto el camino para que Piñera alinee a su país en el primer bloque, con Colombia y Perú, adquiere por eso una importancia que trasciende con mucho la política interna de ese país. Lo mismo está en juego en Uruguay y, posteriormente, se pondrá en Brasil.

El socialismo democrático, que por ahora tiene a Brasil, Chile y Uruguay a sus principales bastiones, está pues ante un enorme desafío. Perder las elecciones en esos países dejaría el terreno libre para que la pugna quede sólo en manos de los otros dos polos.

El tercer bloque de países, el que encabezado por Venezuela, tiene también mucho en juego durante los próximos meses. Las elecciones bolivianas en diciembre y la intensificación de la ofensiva chavista para acelerar el avance hacia el “Socialismo del Siglo XXI”, son sus principales batallas.

Esa dimensión continental de los tres proyectos de futuro que están en disputa es uno de los temas que tendría que formar parte central de los próximos debates electorales en Bolivia como en todos los países que se aprestan a elegir a sus próximos mandatarios. Es inadmisible que quienes aspiran a gobernar los soslayen y opten por refugiarse en generalidades intrascendentes.
En el caso boliviano, la propuesta oficialista sobre tan crucial asunto está plenamente definida. ¿Y los demás? ¿Qué tienen que decir al respecto los candidatos de la oposición? Es de esperar que durante las próximas semanas incorporen esos temas a sus respectivas propuestas.

sábado, 25 de julio de 2009

Venezuela en la antesala del socialismo

Bien haría la oposición boliviana en mirar más allá de sus limitados horizontes si no quiere correr la misma suerte que la venezolana

Mientras la oposición venezolana continúa tan dispersa y desorientada como hace diez años, vaticinando la pronta caída de Hugo Chávez, depositando todas sus esperanzas en un desmoronamiento de la economía que no hay cuando se produzca, o en que algún sector de las Fuerzas Armadas siga lo que les parece un buen ejemplo de los militares hondureños, el régimen chavista continúa avanzando a paso firme y sostenido hacia la consolidación del “Socialismo del Siglo XXI”.

El próximo paso ya ha sido anunciado. Será la aprobación en la Asamblea Nacional de un paquete de cuatro leyes con las que el gobierno se propone montar la estructura legal para “romper el modelo de producción capitalista como forma de regir nuevas relaciones de producción”.
Las cuatro leyes que han sido puestas en la agenda parlamentaria “para ajustarlas a los lineamientos del Plan Socialista Simón Bolívar 2007-2013” son la de Planificación Pública, de Propiedad Social, de los Consejos de Trabajadores y la reforma a la Ley Orgánica del Trabajo, están en la agenda parlamentaria. Según anuncia el gobierno chavista, el objetivo es transferir el control de los medios de producción a los trabajadores para poner fin a la propiedad privada “como forma para apropiarse de las ganancias del productor y el desplazamiento del mercado para sustituirlo por la ‘planificación consciente’”.

Además de ello, a través de la Ley Orgánica de Planificación Pública, lo que se propone el régimen es legalizar un sistema mediante el que la transferencia de dinero a las regiones dependa de que los gobernantes sigan o no la línea del programa socialista.

Ley de Propiedad Social, por su parte, busca desarrollar un modelo de propiedad social basado en las Empresas de Producción Social. Eso se complementará con la Ley Orgánica del Trabajo, mediante las que se conformarán “Consejos de Trabajadores Socialistas” que intervendrán en la gestión de las empresas públicas y privadas.

Para alcanzar tan ambiciosos objetivos antes de fin de año ya están movilizadas todas las fuerzas del oficialismo. La oposición, en cambio, sumida como está en sus pugnas internas, no logra poner orden en sus ideas ni en propias filas y prefiere seguir, como lo viene haciendo desde hace ya más de diez años, subestimando a sus rivales y alentando infundadas ilusiones en la fragilidad del proyecto socialista.

Como es fácil constatar, las semejanzas con lo que ocurre en nuestro país son muchas. Sería pues bueno que la oposición democrática boliviana haga un esfuerzo para mirar un poco más allá de sus limitados horizontes y extraiga de Venezuela las lecciones necesarias para no correr similar suerte que la con su ineptitud y ceguera se ganaron sus pares venezolanos. De otro modo, en el futuro de nada servirán los quejidos lastimeros.

jueves, 23 de julio de 2009

Vientos de guerra en Latinoamérica

Honduras es el foco desde donde se irradia el conflicto, por lo que es de esperar se imponga la posición unánime de la diplomacia mundial



Aunque no es posible precisar si es por pura casualidad, o porque entre ellos hay relaciones de causalidad, lo que parece lo más probable, durante las últimas semanas se ha desencadenado en Latinoamérica una serie de acontecimientos que hacen temer por el futuro de la paz.
El golpe de estado de Honduras ha sido el detonante. Es lo que marcó el inicio de un proceso que tiende a extenderse a toda la región en lo geográfico, y a hacernos retroceder en el tiempo a cuando las diferencias ideológicas se dirimían a través de los más brutales métodos de acción política.

Los factores que alientan el temor de tan indeseable posibilidad son muchos, pero la tozudez con que los golpistas hondureños persisten en su afán de imponer en su país un régimen repudiado de manera unánime por toda la comunidad internacional es el principal. Pero no el único, pues tras él se vislumbra el resurgimiento a escala continental de corrientes que recuerdan con nostalgia los años de las dictaduras militares y sus métodos.

Es tan profunda la brecha que se está abriendo ante tal perspectiva, que no es sólo en Centroamérica donde los primeros soplos de nuevos vientos de guerra se comienzan a sentir. En Estados Unidos, por ejemplo, la antigua pugna entre el desplazado sector más conservador del Partido Republicano y la corriente ahora encabezada por Barack Obama se ha reactivado, y después de mucho tiempo se perciben señales de disociación en la Casa Blanca.

Más cerca de nosotros, la decisión del Comando Sur estadounidense de incrementar su presencia militar en Colombia y su correlato, la desenfrenada carrera armamentista en la que Venezuela se ha embarcado, son otro factor que aviva los temores.

En ese contexto, los informes filtrados a la prensa antes de hacerse oficiales, según los que Venezuela merece el calificativo de “narcoestado”, y las renovadas acusaciones contra el gobierno de Ecuador sobre supuestos vínculos con las FARC, dan también algunas pistas sobre el rumbo hacia donde pueden encaminarse los hechos.

Por si todo lo anterior fuera poco, el Ministro de Exteriores de Israel, Avigdor Lieberman, ha iniciado una gira por varios países de la región con la explícita intención de tejer alianzas para contrarrestar la influencia iraní, país que ya cuenta con importantes aliados, entre los que se cuenta Bolivia. Así, la posibilidad de que Latinoamérica se involucre activamente por primera vez en los conflictos del Medio Oriente suma un motivo más para ver con preocupación el curso de los acontecimientos.

En tales circunstancias, y al ser Honduras el foco desde donde amenaza irradiarse el conflicto, sólo cabe esperar que los esfuerzos que hace la diplomacia del mundo entero para apagar la mecha encendida por tan repudiado golpe de Estado den sus frutos antes de que sea demasiado tarde.

jueves, 9 de julio de 2009

Honduras, entre Obama y Chávez

La manera unánime como el mundo ha reaccionado confirma que estamos asistiendo a la inauguración de una nueva era histórica

El golpe de Estado perpetrado en Honduras el pasado 28 de junio ha tenido muy hondas consecuencias en el escenario político no sólo latinoamericano sino mundial. No en vano todas las cancillerías del planeta asumieron ante el asunto la actitud de un ajedrecista frente a una jugada desconcertante. Y después de sopesar la situación con la frialdad que corresponde a estos casos, todos los países del mundo, sin excepción alguna, aunque no todos de buena gana, cerraron filas alrededor de un objetivo común: evitar que los conflictos políticos en Latinoamérica vuelvan a ser resueltos a través métodos tan comunes en tiempos de la guerra fría.

Obviamente, como no podía ser de otro modo, en medio de tal unanimidad hubo una gran variedad de matices. Desde las amenazas de Chávez de intervenir militarmente, en un extremo, hasta Israel y Taiwán que dudaron mucho antes de tomar partido, en el otro. Diferentes matices, pero finalmente todos en el mismo lado de la línea trazada el 28 de junio.

Un segundo efecto, tan importante como el anterior, es que se ha abierto una muy profunda brecha entre las diversas corrientes de la oposición continental contra el proyecto del “Socialismo del Siglo XXI”. A un lado han quedado, aislados y desacreditados, quienes quisieron ver en el caso hondureño un ejemplo digno de ser imitado por las Fuerzas Armadas de los otros países alineados en el ALBA. Y en el otro, las corrientes de una oposición democrática que se niegan a aceptar la vía hondureña como la más idónea para afrontar tan enorme desafío.

Dos ejemplos muy elocuentes de las profundas diferencias entre los medios empleados y los resultados obtenidos por ambas tendencias fueron vistos coincidentemente el mismo día, el 28 de junio. La oposición democrática asestó una contundente derrota al kirchnerismo, en Argentina, mientras la oposición violenta estuvo a punto de regalarle al chavismo las banderas de la libertad y la democracia.

Felizmente esa situación, que además de una aberración habría sido una calamidad, fue evitada por la firmeza y lucidez con que otros países se involucraron en la batalla diplomática. Gracias a ello, el centro de operaciones contra el golpe se trasladó de Managua a Washington –y no a Caracas-- primero, y ahora a Costa Rica, donde Chávez y sus seguidores tendrán que callar.

Por ahora no se sabe cuál será el desenlace de la crisis hondureña; pero sea cual fuere, el hecho histórico ya se ha producido. La manera unánime como el mundo ha reaccionado confirma que se ha ingresado a una nueva era y Barack Obama se ha consolidado como un líder de talla mundial. Ante ello, resulta elocuente que el canciller del régimen de facto hondureño, y quienes piensan como él, sigan creyendo que es “un negrito que no sabe nada de nada”.

domingo, 5 de julio de 2009

La elocuente lección de Honduras

Serán sin duda derrotadas las corrientes políticas más retrógradas, esas que tan erróneamente creen que una tiranía puede neutralizar a otra

Hace una semana, cuando las Fuerzas Armadas hondureñas ejecutaron un golpe de Estado para defenestrar al presidente Manuel Zelaya, lograron un verdadero prodigio. Lograron que todos, absolutamente todos los países del mundo, más allá de sus múltiples discrepancias, se unan en una sola voz de repudio.

Nunca antes había ocurrido algo así. Nunca antes se había visto que países cuyas discrepancias son tan hondas como Estados Unidos y Cuba, Taiwán y China continental, Colombia y Venezuela, por sólo citar algunos ejemplos, coincidan de manera tan unánime. Ni siquiera Israel, país al que motivos no le faltan para simpatizar con lo hecho por los militares hondureños, cometió el desatino de reconocer al gobierno surgido del sablazo.

Tampoco tiene precedentes la firmeza con que actuaron todos los organismos internacionales sin excepción alguna. Incluso los del ámbito financiero, como el Banco Mundial, BID, FMI, que por su naturaleza suelen ser muy cautos en temas políticos, se manifestaron sin dejar ningún margen a las dudas.

Fue también muy elocuente la severidad con la que la Sociedad Interamericana de la Prensa (SIP) condenó insistentemente, durante toda la semana, la manera brutal como el tan repudiado régimen atentó contra la libertad de expresión desde el amanecer del domingo pasado. No podía ser de otro modo pues hacía ya más de dos décadas que en Latinoamérica, con excepción de Cuba, no se llegaba a los extremos de falta de respeto a la labor periodística.

Es evidente, sin embargo, que abundan los motivos para dudar de la sinceridad de muchas de las declaraciones de apoyo al régimen encabezado por Manuel Zelaya. Hay sin duda mucha hipocresía en algunos casos y el más descarado cinismo en otros. El hecho de que dictadores como los hermanos Fidel y Raúl a Castro tengan la desfachatez de hablar en defensa de la democracia, de la libertad de expresión y de los derechos humanos, lo dice todo.

No menos grotescos son los esfuerzos hechos por los caudillos del “Socialismo del Siglo XXI” para apoderarse de las banderas de la libertad y la democracia. Felizmente, la oportuna, firme y unánime reacción de todos los países del planeta evitó que tales causas queden en manos de personajes tan desprovistos de la autoridad moral que hace falta para enarbolarlas. De otro modo, habría ocurrido a escala continental algo similar a lo que pasó en Bolivia cuando por sus desatinos la oposición dejó en manos oficialistas banderas tan valiosas como las de las autonomías.

Aunque aún no se sabe cuál será el desenlace de la crisis hondureña, sí se puede afirmar, más allá de toda duda, que la derrota corresponderá a las corrientes políticas más retrógradas, esas que tan erróneamente creen que dos pecados hacen una virtud, o que una tiranía puede neutralizar a otra.

miércoles, 1 de julio de 2009

Dos caminos con diferentes destinos

Ver de cerca lo hecho por Chile y Uruguay y seguir su ejemplo puede ser muy útil para enmendar nuestro propio rumbo

Chile y Uruguay, en un extremo, y Bolivia y Venezuela, en el otro, son los países que figuran como los más representativos de dos maneras diametralmente opuestas de encarar los problemas económicos, políticos y sociales, según la última edición del informe “Indicadores Mundiales de Buen Gobierno”, que el Banco Mundial presentó el lunes recién pasado.
El estudio, que evalúa la situación de 212 países, mide diversas categorías de gobernabilidad durante el período comprendido entre 1996 y 2008, y está basado en información de miles de organizaciones no gubernamentales y expertos del sector privado y público.
Los seis elementos que definen la calificación de un país son:
participación y responsabilidad, 57,7 a 48,1
estabilidad política y ausencia de violencia, 36,1 a 14,8
efectividad del gobierno, 56,4 a 19
cualidad regulatoria, 61,5 a 15,9
estado de derecho y 45,7 a 12
control de la corrupción.
Por participación y responsabilidad se entiende a la medida en la que los ciudadanos son capaces de participar en la elección de su Gobierno y también es la medida de las libertades de expresión, asociación y prensa. En diez años, este índice cayó en Bolivia de por ciento, aunque subió un punto con relación a 2003.
Estabilidad política y ausencia de violencia es la posibilidad de que un gobierno pueda ser desestabilizado por formas inconstitucionales o violentas, inclusive terroristas. Este parámetro en Bolivia cayó de 36,1 a 14,8 por ciento entre 1998 y 2008.
Efectividad del Gobierno es la medida de la calidad de los servicios públicos y la capacidad de los servidores públicos para resistir presiones políticas, que en Bolivia bajó de por ciento en el lapso estudiado.
Cualidad regulatoria es la habilidad del Gobierno para aplicar políticas y regulaciones que promuevan el desarrollo del sector privado, cuya declinación en el país fue de 61,5 a 15,9 por ciento.
Por estado de derecho se entiende la medida de confianza en el acatamiento de las reglas de la sociedad, incluyendo los derechos sobre la propiedad privada, así como la acción de la Policía y los tribunales de justicia contra el crimen. La caída de este parámetro en Bolivia fue de por ciento durante el decenio mencionado.
El control de corrupción es la medida en la que se ejerce el poder público para que el sector privado genere utilidades e incluye los mecanismos para evitar la corrupción en todas sus formas. Bolivia mejoró este índice con relación a 2003, cuando se ubicó en 22,3 por ciento y cinco años más tarde alcanza 38,2.
Como se ve, son muy elocuentes los datos del estudio. Pero lo son más si se los contrasta con la situación de otros países, como Chile y Uruguay, los dos mejor calificados. Ver de cerca lo que esos países hacen y seguir su ejemplo puede ser muy útil para mejorar nuestro propio rumbo.

martes, 30 de junio de 2009

Honduras y los desatinos de la oposición

Los golpistas hondureños tendrán que recular y el proyecto del Socialismo del Siglo XXI habrá recibido así otra victoria de regalo

Durante los últimos tiempos, pero con especial insistencia durante las últimas semanas, nos hemos referido en este espacio editorial al enorme riesgo que para el futuro de la democracia en nuestra región representan algunas corrientes políticas que recuerdan con nostalgia los tiempos en los que las hordas militares, a través de golpes de Estado, intervenían en la vida política de gran parte de los países Centro y Sudamérica.

Decíamos también que entre quienes con sus actos más contribuyen a la consolidación de los regímenes con aspiraciones totalitarias están quienes, por su incapacidad para lidiar en los escenarios democráticos, caen fácilmente en la tentación de recurrir a los métodos violentos. Son quienes se niegan a reconocer que, muy a pesar de sus deseos, ya no son viables los regímenes cuya legitimidad proviene de las bayonetas.

Dos claros ejemplos de lo inviables y contraproducentes que son los intentos de llevar las luchas políticas por los caminos de la violencia los vimos en Venezuela, en abril de 2002 y en Bolivia entre agosto y septiembre de 2008. En ambos casos, la oposición fue rotundamente derrotada y, como contrapartida, los regímenes de Chávez y Morales se afianzaron en el poder.

Con esos antecedentes, y dada la similitud de las circunstancias, no es difícil prever que el conato de golpe de Estado que durante el pasado fin de semana se ha producido en Honduras está también condenado al fracaso. Los promotores de la arremetida contra el presidente Zelaya tendrán que recular y el proyecto del Socialismo del Siglo XXI habrá recibido así otra victoria de regalo.

Si ese es el desenlace de la crisis hondureña, como todo parece indicar, se habrá demostrado una vez más que quienes no respetan a las instituciones democráticas, aun cuando la correlación de fuerzas les es adversa, a la larga resultan siendo los mejores aliados de quienes quisieran gobernar sin el estorbo de la legalidad republicana.

Como la experiencia lo confirma, los sectores antidemocráticos de la oposición son los mejores aliados de los proyectos políticos totalitarios tanto en Honduras como en Venezuela o Bolivia; razón más que suficiente para que marcar las distancias correspondientes deba figurar entre las tareas prioritarias de la oposición democrática.

Entre las muchas razones que condenan de antemano a los golpes de Estado, sea cual fuese la forma que en que éstos se produzcan, es que no hay ningún gobierno en el mundo civilizado que esté dispuesto a avalar ese tipo de actos. Por eso, quienes proponen contrarrestar los avances del “Socialismo del Siglo XXI” con métodos propios de los años 70 no sólo que están perdiendo el tiempo, sino que están contribuyendo en gran medida a la consolidación y legitimación de los regímenes que pretenden combatir.

lunes, 29 de junio de 2009

Latinoamérica entre tres caminos

Cada uno de los muchos actos electorales que se realizarán durante los próximos meses será parte de un proceso de alineamiento de fuerzas

Toda América Latina, desde México en el norte hasta Argentina en el sur, está ingresando a una especie de encrucijada en la que cada uno de los países, a su turno, tendrá que elegir entre uno de los caminos que se le abren hacia el porvenir.

Cada país, como es obvio, afronta el desafío en diferentes circunstancias dictadas por su propia historia, sus errores y aciertos del pasado, su idiosincrasia y múltiples factores que le dan a cada uno un sello particular. Sin embargo, más allá de las diferencias formales, en líneas generales todos se enfrentan a un reto similar por lo que los elementos de juicio que deberán tomarse en cuenta a tiempo de elegir el camino a seguir son también muy parecidos.

Por ahora, son tres las posibilidades que se tienen al frente. En un extremo, la elegida y encabezada por Venezuela bajo la conducción de Hugo Chávez y la inspiración de la Cuba socialista. Una segunda opción es la que tiene en Brasil y a Lula da Silva como su principal exponente. Y finalmente, la ía por la que han optado Colombia y Perú.

El primer bloque, cuyos principales exponentes son Venezuela y Cuba tiene su máxima expresión en la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA - TCP). Bolivia, Ecuador, Nicaragua, algunas pequeñas islas caribeñas, y hasta ayer Honduras –cuyo futuro es incierto--, son sus integrantes,

El segundo camino, además de Brasil, tiene entre sus seguidores a Uruguay y, sorprendentemente, a El Salvador ahora gobernado por el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional. La opción hasta ahora escogida por este grupo es la de un socialismo democrático y sobre todo, pragmático.

Finalmente, Colombia y Perú se presentan como dos ejemplos paradigmáticos de una opción franca y abiertamente comprometida con el “neoliberalismo” y los ingredientes conservadores que lo suelen acompañar.

Además de los casos mencionados, hay otros cuya clasificación no es fácil. México, por ejemplo, que pese a su enorme peso económico ha perdido toda relevancia continental desde el punto de vista político en gran medida porque desde años se mantiene en una especie de limbo. Caso parecido al de Argentina, que desde años no sale de un extravío que la condena a jugar un papel cada vez más marginal en el escenario económico y político continental.

Chile, finalmente, es el país que se sale de toda clasificación posible en el contexto latinoamericano por una sola razón: es el primer país de la región que ha cruzado una línea más allá de la cual los problemas se parecen más a los que agobian al “Primer Mundo” que a los “subdesarrollados” del planeta.

En ese contexto, cada uno de los muchos actos electorales que se realizarán a lo largo y ancho de Latinoamérica durante los próximos meses deberá ser visto como parte de un proceso de alineamiento de fuerzas.

domingo, 28 de junio de 2009

Lecciones de una oposiciòn indeseable

Nada ha desacreditado tanto a la oposición venezolana como ciertos individuos y organizaciones de una indeseable ultraderecha medieval

Hace unos días, en una publicación digital venezolana, al reflexionar sobre situación política de su país, un simple ciudadano proponía algunas preguntas con el fin de salir de lo que denominó un “autoengaño” colectivo que tiene atrapado a su país.

Proponía, como primer punto, afrontar una pregunta simple: “¿Por qué la mayoría de los venezolanos apoya a Hugo Chávez y a su proyecto político?” Y como lo que propone es buscar la verdad y no sumarse a quienes se empeñan en negarla, empieza por rechazar las idea según la cual el tal apoyo al chavismo no existe, que es sólo un espejismo fruto del fraude, la manipulación, el cohecho o cualquier otra cosa menos sincera identificación de una buena parte del pueblo venezolano con lo que dice y hace su caudillo.

Como segundo paso, recomienda indagar sobre los orígenes de ese apoyo. Y al hacerlo, identifica dos principales: uno, el atractivo que de por sí tienen por muchas razones ligadas con la historia latinoamericana los discursos populistas, antiimperialistas, anticapitalistas. Averiguar porqué eso ocurre es un desafío que corresponde asumir a los intelectuales.

Un segundo factor que explicaría el éxito del chavismo es la antipatía, aversión incluso, que en gruesos sectores de la ciudadanía provocan los dirigentes que desde hace diez años aspiran a erigirse en cabezas de la oposición. Es el caso de los aspirantes a caudillos, o el de “señoritos” que desprecian la política y creen poder sustituirla con campañas de “marketing electoral”. Son los que en su momento creyeron que la mejor manera de contrarrestar la primera postulación de Chávez era oponiéndole a Irene Sáez, una ex miss Venezuela. Y hoy siguen pensando igual, con similares resultados.

Pero según las reflexiones que comentamos, nada ha desacreditado tanto a la oposición venezolana como ciertos individuos y organizaciones de una derecha ultraconservadora que parece salida de las páginas de la historia medieval. Una ultraderecha que añora los tiempos en los que el secuestro, la desaparición de personas y la tortura eran los métodos más empleados para enfrentar a los agentes del “comunismo internacional”. El temor de que esas corrientes lleguen a prevalecer en las filas de la oposición ha sido una de las causas para que los sectores más sensatos de la ciudadanía venezolana se nieguen a participar en la actividad política.

Es eso tan cierto que los líderes de esas organizaciones, cuya propuesta de futuro tiene su principal referente en la Edad Media, nunca han logrado siquiera el uno por ciento de los votos en elecciones venezolanas, pero han causado enormes estragos en el prestigio de las organizaciones con las que se relacionaron, la Iglesia católica incluida, lo que las hizo presa fácil de las campañas oficialistas. Es de esperar que en Bolivia no se siga por el mismo camino.

viernes, 26 de junio de 2009

“¡Patria y socialismo o muerte!”

Ante los actos realizados en Venezuela, resulta pertinente preguntar: ¿Estarán los militares bolivianos conscientes de lo que eso significa?

Con esa consigna, Hugo Chávez inauguró el pasado miércoles la parada militar con que todos los años se conmemora la batalla de Carabobo.

El acto, en lo que parece algo más que una casualidad, coincidió con la inauguración de la VI Cumbre Extraordinaria de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), integrada por nueve países que se adhieren al proyecto de “Socialismo del Siglo XII” encabezado por el caudillo venezolano.

“¡Patria y socialismo o muerte!” fue la frase pronunciada en tono marcial por el jefe militar que encabezó el desfile desde un carro blindado al pedir permiso para inaugurar el acto. “¡Venceremos!” respondió el presidente venezolano, dando así la señal de de partida para que los representantes de las Fuerzas Armadas de Venezuela, Cuba, Bolivia, Honduras y Nicaragua den testimonio marcial de su adhesión a “una revolución socialista, pacífica pero armada”, que es como fue descrito el proceso encabezado por Hugo Chávez.

La magnitud y elocuente carga simbólica del acto no es algo que pueda ser visto como algo irrelevante. Es que si bien no es la primera vez que se conmemora con un desfile militar la batalla de Carabobo, lo ocurrido en esta ocasión no tiene antecedentes. En lo cualitativo, porque nunca antes se había realizado una parada militar con la participación de representantes de las Fuerzas Armadas de tantos países. Y en lo cuantitativo, porque los 250 vehículos blindados, y las varias decenas de aviones F-16 y de varias flotillas de flamantes Sukhoi, fueron portadores de un mensaje que sólo puede parangonarse con los que eran propios de la guerra fría, en décadas pasadas, o los de Corea del Norte, en los tiempos actuales.

La otra faceta del encuentro de los presidentes que se adhieren a “la Alba”, en contraste, resulta poco relevante. Es que la insignificancia económica de las transacciones económicas entre los integrantes del bloque lo ha hecho merecedor del calificativo de “club de mendigos” aglutinados alrededor de un repartidor de limosnas, descripción que es respaldada por las cifras.

Como se ve, si bien los avances del grupo son económicamente poco menos que nulos, política y militarmente son dignos de la mayor atención. No es un pequeño detalle que los representantes de las Fuerzas Armadas de seis países se cuadren al oír la voz de mando: “¡Patria y socialismo o muerte!” y que lo hagan con una actitud de franca sumisión.

Tampoco es irrelevante el hecho de que en la declaración final de su encuentro los nueve mandatarios hayan expresado su “respaldo a la Revolución Islámica de Irán, a las instituciones de la República Islámica de Irán, y al gobierno del presidente Mahmud Ahmadinejad”.

Ante tales hechos, resulta pertinente preguntar: ¿Estarán los militares bolivianos conscientes de lo que todo eso significa?

domingo, 10 de mayo de 2009

Nosotros somos los que algo hicimos mal

Es importante que reconozcamos que “Algo hicimos mal”. Y más importante aún, que seguimos haciéndolo mal y no es culpa de “ellos”


Hace algo más de dos semanas, cuando en Puerto Príncipe se celebró la Cumbre de las Américas, se produjo una muy elocuente confrontación de ideas. Los discursos de Daniel Ortega y Barack Obama fueron destacados como los más representativos de dos maneras muy diferentes de encarar el asunto.

Días después se conoció uno que no fue público hasta que su versión impresa fue ampliamente difundida y comentada. Fue el de Oscar Arias, quien encabezó su breve pero sustanciosa disertación con el título “Algo hicimos mal”, cuya versión completa se reproduce en esta página.

El mensaje, cuyas ideas sencillas son portadoras de enormes verdades, fue acogido con mucho entusiasmo por quienes critican y se oponen a la ola de populismo de izquierda que avanza por nuestro continente. Un ejemplo de ello es el comentario de Andrés Oppenheimer titulado “La mejor respuesta a los populistas” publicado en este diario el pasado jueves.

Como él, muchos creyeron ver en el discurso de Arias un argumento contra los regímenes de Chávez, Ortega, Correa y Morales, lo que tiene algo de verdad. Sin embargo, esa es una interpretación incompleta pues resulta evidente que la palabra “hicimos”, y la responsabilidad propia a la que el autor se refiere en primera persona del plural involucra también, y sobre todo, a las élites políticas, económicas y sociales que durante los últimos dos siglos tuvieron a su cargo la conducción de nuestros países.

Tanto es así que el vigor del populismo de izquierda al que ahora se atribuyen todos los males –con la misma actitud victimista que critica Arias-- no es causa sino consecuencia de esa “culpa nuestra” reflejada en décadas de malos gobiernos avalados por la tolerancia colectiva.

Ese “nosotros” al que se refiere el autor de “Algo hicimos mal” no se refiere, o por lo menos no sólo, a “ellos”, los populistas de hoy y siempre. Pretender que no abarca a las élites tradicionales de nuestros países, a empresarios, políticos, intelectuales, es incurrir en el mismo error. Es recurrir al cómodo discurso autoexculpador, al victimismo, al rechazo a la autocrítica.

Y si se busca un buen ejemplo de lo dicho, lo tenemos en Bolivia, donde el espíritu autocrítico de quienes tuvieron en sus manos la conducción de los destinos colectivos brilla por su ausencia y abunda, en cambio, el afán de buscar a quién echar la culpa de los fracasos del pasado, del presente y, lo que es peor, del futuro. La actitud de las diversas corrientes de la oposición, muy buenas para los quejidos lastimeros pero incapaces de asumir sus desaciertos, lo dice todo.

Hay pues que reconocer que “Nosotros algo hicimos mal”. Y más importante aún, que seguimos haciéndolo mal. Asumir que el “nosotros” nos incluye, y es más importante que el “ellos”, es el primer paso.

viernes, 24 de abril de 2009

Galeano, Chávez, Obama y la coca

Para Galeano la coca es una droga. Una droga letal, cuyo consumo masivo no era permitido por los incas y fue cruelmente difundido por los españoles

La V Cumbre de las Américas que tuvo lugar hace unos días en Trinidad y Tobago, ha marcado un hito en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Pero no “por las descargas de artillería ideológica” que con tono beligerante anunció Hugo Chávez en los días previos, sino por los gestos de docilidad que el mandatario venezolano expuso dejando pasmados incluso a sus aliados del Alba, a los que dejó con las ganas de verlo liderar una ofensiva verbal contra “el imperialismo estadounidense”.

Muy lejos de ello, Chávez agachó la cabeza y dejó a Daniel Ortega la bochornosa tarea de aburrir a la audiencia con un larguísimo discurso plagado de los insustanciales lugares comunes tan propios de la vieja izquierda latinoamericana del siglo pasado.

A lo más que se atrevió Chávez fue a regalar un ejemplar en inglés de “Las venas abiertas de América Latina”, un libro escrito hace casi cuarenta años por el inglés-uruguayo Edward Hughes, quien se hizo famoso con su nombre castellanizado y su apellido materno: Eduardo Galeano.

El libro en cuestión es, sin duda, uno de los que más influyó en la mentalidad de varias generaciones de jóvenes latinoamericanos cuyas almas fueron envenenadas con el victimismo y el resentimiento llevados a su máxima expresión. Con su obra, Galeano logró dar al mito del Buen Salvaje un aspecto de seriedad e hizo del quejido lastimero la principal doctrina de la izquierda latinoamericana.

Hay, sin embargo, en la obra que durante los últimos días se ha convertido un best seller en las librerías estadounidenses, un capítulo que resulta de lo más inconveniente para una de las principales causas del gobierno boliviano. Se trata del referido a la coca y el funesto papel que le atribuye como instrumento de dominación de los indígenas.

Para Galeano no hay lugar a dudas. La coca es una droga. Y una droga letal. Una droga que mata a quienes la consumen, y que fue cruelmente utilizada por los españoles –y sigue siendo usada-- para reducir a los indios a la abyección.

El autor de “Las venas…” considera que una de las muestras de la sabiduría que les atribuye a los incas fue no permitir el consumo de la coca excepto para fines rituales. Todo lo contrario de lo que hicieron los españoles, quienes al descubrir la utilidad de la hoja para mantener drogados a los indígenas masificaron su consumo para explotarlos y someterlos mejor. “Los indios compraban hojas de coca en lugar de comida al precio de abreviar la propia vida”, afirma y añade con santa indignación: “A esta altura del siglo veinte, los indígenas de Potosí continúan masticando coca para matar el hambre y matarse”.

Ahora que el gobierno boliviano se propone impulsar una campaña internacional para que la coca deje de ser considerada como una droga, flaco favor le hizo Chávez al poner en manos de Obama uno de los más furiosos alegatos que contra la coca se haya escrito.

martes, 14 de abril de 2009

La Cumbre de las Américas

Pueden ser las circunstancias adversas las que más contribuyan a reforzar las normas básicas de convivencia entre los países

El próximo viernes 17, en Puerto España, Trinidad y Tobago, se inaugurará la V Cumbre de los Jefes de Estado y de Gobierno de las Américas. Por muchas razones, entre las que se destaca la reconfiguración del escenario económico y político del mundo a raíz de la crisis económica global, será un encuentro que marque una nueva etapa en las relaciones interamericanas.

La presencia de Barack Obama, quien ha dado ya un importante giro a la política exterior estadounidense, es uno de los factores que permite esperar que en esta reunión se sienten las bases de un entendimiento que facilite la adopción de planes de acción conjuntos para afrontar los enormes retos que les esperan a los países americanos durante los próximos años.

El nuevo enfoque tendrá como punto de partida el nuevo rol que está obligado a asumir Estados Unidos. A diferencia de años anteriores, el país más rico de las Américas ya no está en condiciones de asumir un papel tutelar. Está obligado, desde una posición más débil, a conquistar adhesiones a sus políticas pues ya no puede intentar imponerlas de manera unilateral.

Una de las características del encuentro será que los temas que originalmente fueron incluidos en la agenda, como el alto precio de los alimentos y la energía, la sostenibilidad ambiental y el calentamiento global, la seguridad ciudadana y la gobernabilidad, pasarán a un segundo plano opacados por la urgencia de contrarrestar la crisis económica global y sus efectos.

El peligro de que durante los próximos años se reviertan los avances logrados gracias a la bonanza generalizada de los mercados de materias primas y al fortalecimiento del sector exportador de artículos manufacturados, es algo que preocupa a todos. Y no sólo por razones estrictamente económicas, sino porque se teme que tras ellas se produzcan graves secuelas sociales y políticas. Ese peligro que acecha a todos por igual, más allá de las divergencias ideológicas que separan a unos regímenes de otros, facilitará sin duda la moderación de los discursos más radicales, como el del venezolano Chávez.

Al haberse llegado a un punto en el que la suerte de unos está más que nunca relacionada con la de otros, se amplía el espacio de los interese comunes y se atenúa el de las diferencias. El caso de Venezuela es el mejor ejemplo, pues ya se ha visto que el futuro político de su gobierno depende de la salud de la economía global, lo que abre la posibilidad de que la necesidad obligue al mandatario venezolano a moderar sus ínfulas revolucionarias.

Así, paradójicamente, pueden ser las circunstancias adversas las que más contribuyan a crear condiciones favorables retomar, con renovado vigor, las normas básicas de convivencia entre los países, como las establecidas Carta Democrática Interamericana.

domingo, 12 de abril de 2009

Castro y la “verdadera democracia”

Fidel Castro tiene toda la razón, y sabe lo que dice, al suponer que en Bolivia se está librando una batalla decisiva

Durante dos días consecutivos, Fidel Castro dedicó sus “Reflexiones del Compañero Fidel” a describir minuto a minuto y analizar los entretelones de las sesiones parlamentarias en las que el oficialismo intenta sentar las bases de una “verdadera democracia” en Bolivia.

En sus artículos, Castro se dedica a pontificar sobre cuanto Evo Morales hace y deja de hacer en su afán por imponer un régimen electoral con el que obviamente, el más veterano dictador latinoamericano se siente plenamente identificado.

El asunto merece ser tomado muy en cuenta porque, efectivamente, lo que está en juego en Bolivia, y Castro lo sabe muy bien, es la preservación de una democracia pluralista o la instauración de un régimen de partido único, en el que la oposición no tenga ninguna posibilidad de intervenir en los asuntos de interés colectivo.

Si hay alguien que sabe mucho del asunto es precisamente Fidel Castro. Es que durante más de cincuenta años ha logrado imponer en Cuba un sistema en el que resulta innecesario hacer fraude electoral, como todavía lo es en Bolivia, para lograr el monopolio del poder.

Como se sabe, el pueblo cubano participa regularmente en elecciones en las que un solo partido, el Partido Comunista, puede participar. El resultado, como no podría ser de otro modo, es que el PCC gana siempre con muy poco menos del cien por ciento de los votos. Como el MAS en el altiplano paceño.

Esa es, desde el punto de vista de Castro, la “verdadera democracia” por la que se está peleando en Bolivia. Y, hay que reconocerlo, tiene toda la razón y no se le puede negar toda la autoridad que le da la experiencia para dar instrucciones sobre el asunto.

Hay, sin embargo, otros temas sobre los que las peroratas castristas resultan ridículas. Cabe preguntar, por ejemplo:¿Qué pasaría en Cuba si los cubanos de origen africano exigieran el 60 por ciento de representación en los órganos de poder, que es lo que demográficamente les corresponde? ¿O si las mujeres demandaran el 50% en nombre de la equidad de género? ¿O si los jóvenes exigieran una renovación generacional? ¿Y qué pasaría si alguien propusiera la participación de los cubanos que viven en el exterior?

Muy bueno sería ver a la rancia gerentocracia íntegramente compuesta por varones de origen español que gobierna la isla predicar con el ejemplo sobre cualquiera de esos temas. Y que se debata sobre ellos, sin censura de por medio, en los medios de comunicación del Estado.

Empero, más allá de los detalles, lo que es indudable es que Castro tiene toda la razón al decir que en Bolivia se está librando una batalla decisiva. En lo que se equivoca es al subestimar la decisión de gran parte del pueblo boliviano de perseverar en la defensa de su libertad.

sábado, 4 de abril de 2009

El G-2, salvador de la humanidad

No es justo que Evo Morales haya sido excluido del G-2, la alianza que se anuncia como portadora de una nueva era para la humanidad

Abatido por el rotundo fracaso del pilar principal de su política exterior, que apuntaba a la formación de una alianza “anticapitalista y antimperialista” entre los países árabes y los devotos del “Socialismo del Siglo XXI”, el presidente venezolano, Hugo Chávez, abandonó Doha y se fue a Teherán a reunirse con el único aliado incondicional que ha logrado reclutar entre los mandatarios del mundo islámico: Mahmud Ahmadineyad.

Con él, y solo con él, pues nadie más está dispuesto a secundar sus desvaríos, Chávez proclamó “la muerte del capitalismo". Ambos dieron vida a lo que según afirman con gran convicción, será su sepulturero: el “G-2” (Venezuela e Irán), la alianza bilateral que nació para inaugurar “un Nuevo Orden Mundial”.

El instrumento del que se valdrán para dar a luz al nuevo sistema, “en el que reinará la paz, la independencia y la libertad", será el banco binacional que comenzará a funcionar con un capital inicial de nada menos que 1.600 millones de dólares. Según Chávez, el acto de presentación de la entidad bancaria marcó “la hora del fin del imperialismo. Se hunde el imperialismo y sobre sus cenizas surgirá un mundo nuevo". Ahmadineyad, por su parte, proclamó: “Nosotros, el G-2, somos ya responsables de todo el mundo, para hacer un mundo mejor para todos. Lo que estamos haciendo parece solo un banco, pero la verdad es que es un acto de voluntad y justicia para todo el mundo”.

Ambos mandatarios, al poner sobre sus hombros la salvación, no de sus países, sino de “toda la humanidad”, convocaron a que otros líderes se sumen a su iniciativa. Y mientras a la humanidad se le anunciaba en Teherán el advenimiento del instrumento de su salvación, en Bolivia, Evo Morales, asumiendo el rol de profeta anunciador de la llegada del salvador, repetía ante la prensa internacional el llamado a dar al capitalismo el tiro de gracia.

Dado el entusiasmo con que Morales proclama su devoción a la obra salvadora de sus dos principales aliados, no resulta fácil comprender por qué no fue invitado a la constitución del G-2. ¿Por qué no G-3, si el gobierno de Morales da todos los días muestras de la eficiencia con que contribuye al colapso del capitalismo mediante la sistemática destrucción del aparato productivo de Bolivia? ¿Y por qué no G-4 ó G-5, si hay otros gobernantes, como Omar al Bashir de Sudán, o Robert Mugabe de Zimbabwe que comparten la misma causa? ¿Acaso no están ellos también destruyendo con gran éxito las bases económicas de sus respectivos países, como un aporte a la destrucción del capitalismo?

Evo Morales debe exigirle a Chávez una explicación. No es justo, pues méritos no le faltan, que se lo haya excluido del acto constitutivo de la alianza que se anuncia como portadora de una nueva era para la humanidad.

viernes, 3 de abril de 2009

Chávez, más solo que nunca

Chávez salió de la cumbre de Qatar más solo que nunca. Ahmadineyad y Morales quedan como sus únicos aliados firmes

La II Cumbre de Presidentes de América del Sur y los países árabes (ASPA) que se celebró en Doha, la capital del emirato de Qatar, concluyó con resultados que estuvieron muy lejos de las expectativas que la precedieron. La unificación de criterios sobre la manera de encarar conjuntamente los desafíos que plantea la crisis económica global no sólo que no se produjo, sino que las muchas discrepancias internas en los dos bloques participantes se acentuaron tanto que obligaron a suspender el encuentro antes de lo previsto.

El gran perdedor, el que sin duda más frustrado salió de la reunión, fue Hugo Chávez. Fracasó de la manera más rotunda en todos los objetivos que se propuso alcanzar. En lo económico, porque no logró que los árabes secunden, más allá de las declaraciones líricas, su deseo de esgrimir el petróleo como arma fulminante contra el capitalismo. Y en lo político, porque su tan ansiada alianza entre el mundo islámico y el “socialismo del Siglo XXI” quedó reducida a la condición de una alucinación sin ninguna viabilidad práctica.

Menos notoria, pero no por eso menos significativa, fue la indiferencia con que fue acogida la propuesta de Evo Morales de unir fuerzas para darle el golpe de gracia al capitalismo. Tal disparate no mereció más que sonrisas burlonas pues pocos están más interesados en la recuperación del capitalismo que los países árabes.

Si para algo sirvió la cumbre de Qatar, fue para que se ponga en evidencia la magnitud de las fisuras en el bloque sudamericano. La cínica defensa que hizo Chávez de uno de los más sanguinarios dictadores que el mundo haya conocido, el sudanés Omar Al Bashir, rebasó la paciencia de Lula da Silva, Bachelet y Kirchner, quienes no disimularon su repudio por tan vergonzosa actitud.

A eso se sumó la andanada de feroces críticas a Bachellet por haber sido anfitriona de la Cumbre Progresista de Viña del Mar, de la que fue elocuentemente excluido, como su homólogo boliviano.

Chávez superó todo límite al haber sido el único mandatario que tuvo el descaro de hacer una apología de Al Bashir, condenado por la Corte Penal Internacional por los más de 300.000 muertos y casi tres millones de refugiados víctimas de su plan de exterminio de los cristianos sudaneses. Es verdad que los árabes rechazaron el fallo de la CPI, pero ninguno llegó al extremo de presentar al tirano sudanés como si de un modelo digno de imitar se tratara.

En síntesis, Chávez salió de la cumbre de Qatar más solo que nunca. Tan lejos de los árabes como su principal aliado, Mahmud Ahmadineyad, y con solo Evo Morales como socio de aventuras en la región sudamericana. Muy pobre saldo para quien pretendía erigirse en líder de una poderosa coalición entre el mundo islámico y Latinoamérica.