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miércoles, 11 de noviembre de 2009

La preservación de la libertad prensa

En Bolivia, como otros países donde la batalla se libra a diario, se ha logrado preservar la libertad de expresión. No ha sido fácil, pero ha sido posible. Y ese no es un pequeño detalle


La Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que en su sesión de clausura realizada ayer en Buenos Aires, Argentina, aprobó los informes de editores de diarios sobre el estado de la libertad de prensa en el continente americano, ha vuelto a incluir a nuestro país entre los más afectados por actos gubernamentales tendientes a limitar la labor periodística.

Como se recordará, hace unas semanas fue Reporteros Sin Fronteras la institución que llegó a similares conclusiones. Nuestro país es identificado por todos los organismos observadores, como uno de los que da crecientes motivos de preocupación.

Según el balance de la SIP, Cuba, Honduras, Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Argentina y Bolivia pueden ser clasificados en la misma categoría; la de países en los que la libertad de expresión está amenazada sea por actos promovidos por sus respectivos gobiernos, o por organizaciones criminales que se sienten afectadas por las investigaciones que intentan poner al descubierto sus actividades.

Aunque en términos generales no hay nada que objetar tal evaluación, es pertinente hacer algunas diferenciaciones para que los muy importantes matices no se diluyan en las vagas generalizaciones.

Hay que destacar, por ejemplo, que el caso de Cuba no es en nada parecido al de México. En ambos países el periodismo está sometido a gravísimas limitaciones, pero por razones y circunstancias muy distintas entre sí.

El caso boliviano, por su parte, dista mucho de cualquiera de los dos antes mencionados. Ni se ha llegado al extremo de censura y represión que ha hecho de Cuba uno de los países más represivos del mundo, ni la violencia criminal ha llegado al punto de hacer del periodismo una actividad de alto riesgo. Bolivia es, felizmente, un país en el que si bien las relaciones entre prensa y poder político son muy tensas, la libertad está siempre amenazada y el gobierno no disimula su animadversión contra el periodismo, está lejos de merecer ser comparado con Cuba o México.

No es el caso de Honduras, donde a partir del golpe de Estado del 28 de junio se han puesto en vigencia una serie de restricciones que por su gravedad son sólo comparables a las que ya son habituales bajo la dictadura cubana. Honduras es pues, con Cuba, uno de los dos países en los que la eliminación de la libertad de prensa es algo más que una amenaza; es una realidad.

Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina no pueden, por lo menos no aún, ser clasificados en esa categoría. Es que aunque en todos ellos son constantes las amenazas y las medidas coercitivas de distinta naturaleza, no han llegado al extremo clausurar medios o perseguir periodistas únicamente por motivos políticos o ideológicos. Y aunque es evidente que no es por falta de ganas que los gobernantes de esos países no adoptan medidas más radicales, como las adoptadas por Micheletti para acallar a la oposición, lo cierto es que no han llegado a tales extremos.

En estos países, en los que la batalla se libra a diario, se ha logrado preservar, aunque a veces precariamente, la libertad de expresión. No ha sido fácil, pero ha sido posible. Y ese no es un pequeño detalle.

viernes, 23 de octubre de 2009

El ensordecedor silencio de Anamar

Ana María Romero de Campero ha optado por guardar un ensordecedor silencio ante hechos que sin duda deben haberla puesto ante la disyuntiva de seguir una consigna o atender a su consciencia

Cuando a principios de septiembre pasado Ana María Romero de Campero, --quien se destacó en su labor periodística con el seudónimo de Anamar—fue presentada como candidata a la primera senaduría por La Paz en las listas del Movimiento al Socialismo, se produjo una inusitada vorágine de reacciones a favor y en contra de tal postulación. Pero entre unas y otras, fueron más numerosas y más contundentes las que vieron su incorporación al escenario político como una señal esperanzadora.

Muchas destacadas personalidades del ámbito intelectual no dudaron en expresar su optimismo y la defendieron con muy buena fe de la andanada de críticas de la que tan prestigiosa mujer fue objeto. Tal visión optimista fue alimentada por las palabras con que Ana María Romero justificó su decisión, y con las cuales se comprometió a no defraudar a quienes confiaron en la posibilidad de que su presencia en las filas del MAS contribuiría imponer cierta racionalidad democrática a la conducta del partido gobernante.

Anamar aseguró, en esa ocasión, que no sería una “levantamanos” y que “no sería capaz de seguir una consigna contra mi consciencia”. “El horror a que nos dividamos y la preocupación porque se frustre un proceso que puede permitirnos construir un país con equidad y justicia ha hecho carne en mí durante este tiempo de retiro y me ha decidido a dar el paso. Ha pesado en mí la convicción de que no puedo negarme a brindar mi esfuerzo al ánimo de tender puentes y concertar que me ha manifestado el presidente Evo Morales y que considero imprescindible”, dijo, y por la autoridad moral acumulada durante mucho tiempo, se le creyó.

Quienes entendieron esas palabras como un compromiso digno de ser tomado en serio lo hicieron convencidos de que a la muy probablemente próxima presidente de la Cámara de Senadores no le faltarían oportunidades para ratificar con hechos sus palabras.

Una serie de acontecimientos producidos durante los últimos días, lamentablemente, han echado por la borda tantas ilusiones. Es que teniendo la oportunidad de corresponder a las muestras de apoyo recibidas y refutar a sus detractores, Ana María Romero de Campero ha optado por guardar un ensordecedor silencio ante hechos que sin duda deben haberla puesto ante la disyuntiva de seguir una consigna o atender a su consciencia.

La tozudez con que el gobierno del MAS insiste en coartar la libertad de expresión de Leopoldo Fernández; la nueva ofensiva oficialista contra el Órgano Electoral, las reiteradas agresiones contra periodistas, o la brutal arremetida de hordas masistas contra autoridades ediles, cívicas y vecinales de El Alto, son sólo algunos de los casos más recientes, pero no los únicos.

Lejos de aprovechar tales oportunidades para dar una muestra de la sinceridad de las palabras con que asumió el compromiso, Romero no sólo que ha optado por callar, sino que ha participado activamente en actos proselitistas al lado del presidente y candidato presidencial del MAS, lo que no puede interpretarse sino como un tácito aval a la manera como la organización política de la que ahora forma parte actúa. Es una verdadera pena que tan poco tiempo haya sido suficiente para que se produzca tan enorme decepción.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Libertad de prensa, de mal en peor

Ante tan deplorable situación, sólo cabe perseverar, sin dar brazo a torcer, en la lucha diaria para detener, primero, y revertir después, un proceso que nos puede llevar a la pérdida del bien más preciado: la libertad

Confirmando una tendencia que durante los últimos años tiene en permanente estado de zozobra a periodistas y medios de comunicación de nuestro país, el más reciente informe de Reporteros sin Fronteras, publicado ayer en París, destaca a Bolivia entre los países que más están retrocediendo en lo que al respeto a la libertad de prensa se refiere. Y en lo que es algo más que una casualidad, Venezuela comparte con nuestro país tan vergonzosa situación.

El ritmo al que avanza el proceso que paulatinamente está llevando a que Bolivia pase a formar parte del conjunto de países sometidos a regímenes proclives a coartar la libertad de expresión es más penoso aún si se lo compara con el lugar que ocupaba en años anteriores. Como lo recuerda el mismo informe, hace sólo seis años Bolivia se contaba con orgullo entre los 16 más destacados por la solidez de uno de los pilares fundamentales de una sociedad democrática.

El informe de Reporteros Sin Fronteras merece ser objeto de atención aunque no contiene nada novedoso para quienes día a día, desde hace tres años, llamamos la atención sobre este problema. Debe ser tomado muy en cuenta, a pesar de ello, pues confirma que no son exageradas, ni están motivadas por intereses ajenos al interés colectivo, las denuncias que con creciente frecuencia se hacen sobre las muchas maneras como el gobierno de Evo Morales pone cortapisas a la labor periodística.

La similitud entre el caso boliviano y el de Venezuela, país que ya ha avanzado mucho más en el camino que conduce a la eliminación de la libertad de prensa, son por demás elocuentes. La inadmisible conducta de Hugo Chávez, que con su ya conocida arrogancia y desparpajo dio durante las pocas horas en que estuvo en nuestra ciudad una elocuente muestra de su actitud ante los periodistas y medios de comunicación, lo dice todo. El silencio cómplice del gobierno, que se empeña en seguir su ejemplo, da plena cuenta de lo acertado que es el diagnóstico de RSF.

El caso de Honduras, que desde el golpe de Estado perpetrado el 28 de junio pasado se ha rebajado al nivel de los países sometidos a regímenes con ínfulas totalitarias, es otro que pone en estado de alerta a los periodistas e intelectuales que ponen los valores básicos de la libertad y la democracia por encima de los intereses que están llevando a nuestro continente a un retroceso histórico de grandes proporciones.

La manera brutal como el ilegal gobierno hondureño se dio a la tarea de silenciar a los medios que no se mostraron dóciles ante el golpe, así como a los reporteros de las agencias internacionales de noticias, y a perseguir, encarcelar y amedrentar a periodistas que no se sometieron a los dictámenes del régimen de Micheletti, ha ocasionado que con razón Reporteros Sin Fronteras lo ponga, con Venezuela, a la cabeza de los que más retrocedieron durante los últimos meses.

Ante tan deplorable situación, sólo cabe perseverar, sin dar brazo a torcer, en la lucha diaria para detener, primero, y revertir después, un proceso que si no es resistido con todo vigor nos puede llevar a la pérdida del bien más preciado: la libertad. La firmeza con que hasta ahora se ha dado la batalla, lo que ha impedido que el resultado sea aún peor, da motivos suficientes para mantener viva la esperanza.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Periodismo y elecciones

Resulta importante que los medios de comunicación y quienes en ellos trabajamos, seamos capaces de realizar una profunda evaluación de nuestro desempeño durante los procesos electorales, de forma tal que evitemos incurrir en prácticas alejadas de la responsabilidad y la ética

Si el periodista está llamado a ejercer su labor con responsabilidad, ética y profesionalismo en todo momento, con mayor razón está obligado a hacerlo durante los procesos electorales. En momentos como estos, en que la pasión política flota en el ambiente y las campañas saturan la agenda informativa, es cuando los hombres de prensa más pueden rebasar la naturaleza de su trabajo y confundir sus alcances. Así, suele ocurrir que simples sondeos de opinión, realizados a pequeña escala y con métodos empíricos, cuando no artesanales, son irresponsablemente presentados cual si fueran encuestas hechas y derechas, olvidando -a veces de forma intencional- que de este modo se confunde a la opinión pública y hasta se llega a influir en su decisión de voto. Lo propio sucede con la difusión de encuestas de dudosa procedencia, lo que no hace sino demostrar el manejo irresponsable e interesado de un método científico de investigación.

Por otra parte, también sucede en estos períodos que la información política, cargada de acusaciones y adjetivos ofensivos hacia los circunstanciales rivales, es indebidamente presentada y valorada, sin la necesaria ponderación y el requerido equilibrio, algo que con más frecuencia sucede en los medios audiovisuales.

No hay que olvidar, pues, que los ciudadanos muchas veces forman su propio juicio a partir de las informaciones y análisis mediáticos, razón por la que los mensajes que se difunden masivamente tendrían que ser cuidadosamente elaborados, sin apartarse de principios elementales como la responsabilidad y credibilidad que están obligados a ofrecer todos los medios de comunicación.

Es desde todo punto de vista reprochable que existan -si es que los hay- periodistas o medios de comunicación parcializados a favor de un determinado partido o candidato, sea de la oposición o del oficialismo. Desgraciadamente, no todos los comunicadores sociales saben guardar la independencia que el oficio demanda, evitando que sus propias convicciones, que naturalmente poseen, contaminen su trabajo periodístico.

Es también condenable que en países democráticos como el nuestro subsistan aún métodos de intimidación, presión y amedrentamiento a los hombres de prensa de parte de los actores políticos. Esta, desde luego, es una práctica inaceptable que no puede ser admitida en un Estado de derecho, como menos todavía puede ser tolerado que ocurra lo contrario: que un periodista políticamente comprometido intimide o pretenda ejercer presión sobre un candidato.

Por todo lo dicho, pues, resulta importante que los medios de comunicación y quienes en ellos trabajamos, seamos capaces de realizar una profunda evaluación de nuestro desempeño durante los procesos electorales, de forma tal que evitemos incurrir en prácticas alejadas de la responsabilidad y la ética y asumamos a cabalidad la función de mediadores, informadores y orientadores que la opinión pública espera de nosotros.

Después de todo, siendo que el periodismo suele ser muy duro con los actores del sistema político, tendría que guardar una similar actitud para con sus propios errores o deficiencias, siempre desde una saludable perspectiva autocrítica.

Estas elecciones generales tendrían que servir, pues, como un marco adecuado para una serena reflexión, siempre en procura de ejercer con mayor equilibrio y responsabilidad el rol que estamos llamados a desempeñar los medios de comunicación y los periodistas en este tipo de coyunturas.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Internet, un resquicio de libertad en Cuba

Aunque con muchísimas limitaciones, Internet dejará de ser un privilegio al alcance sólo de turistas y funcionarios allegados al régimen cubano

Durante los últimos meses, Cuba ha sido noticia por las tímidas y muy paulatinas reformas, pero reformas al fin, que bajo la conducción de Raúl Castro ha comenzado a aplicar a su anquilosado régimen económico y político. La más reciente de ellas consiste en que el Estado, en un gesto de indulgencia poco común en la isla, permitirá que los ciudadanos cubanos usen Internet.

La medida, que en el contexto del socialismo cubano implica una transformación cuya magnitud es difícil comprender para quienes no sabemos lo que es vivir bajo un régimen dictatorial, tiene sin embargo muchas limitaciones. Seguirán prohibidas las conexiones domiciliarias, los comisarios del Estado encargados de la censura se reservan el derecho de bloquear cuanto sitio les parezca inconveniente, y el precio seguirá fuera del alcance del ciudadano común.

A pesar de ello, no deja de ser un gran avance si se considera que hasta ahora la única manera que tenían los cubanos de conectarse a Internet era en los hoteles reservados para los turistas, pagando tarifas inaccesibles para el común de la gente, y robando o comprando ilegalmente las contraseñas. El acceso libre a la web era un privilegio sólo reservado a visitantes extranjeros, periodistas avalados por el régimen, algunas instituciones y empresas oficiales, intelectuales y científicos destacados del país.

Se calcula que en todo el país no más de 100.000 personas tenían de un modo u otro el privilegio de navegar por el ciberespacio. El resto debía conformarse con navegar por la Intranet, la red local que sólo permite tener acceso a sitios oficiales y correo electrónico con el que comunicarse con el exterior, pero siempre bajo la estricta vigilancia estatal.

Muy difícil debe haber sido para la cúpula gobernante cubana dar tan audaz paso hacia la apertura pues, como es bien sabido, uno de los más sólidos pilares que sostiene al régimen es el férreo aislamiento informativo al que ha sido sometido el pueblo cubano durante los últimos 50 años. Es que como otras experiencias han demostrado, un país en el que no hay prensa libre, en el que el Estado tiene el monopolio absoluto y total de la información y decide qué pueden y qué no pueden leer, ver, oír o decir sus habitantes, corre un enorme riesgo cuando abre un resquicio de libertad, por pequeño que sea.

Es de temer, sin embargo, que antes de permitir que la gente común se conecte al mundo el Estado haya tomado las medidas necesarias para no perder el control. China, por ejemplo, ha desarrollado la tecnología suficiente para evitar que Internet salga del control de la censura oficial.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Un derecho en riesgo

La violencia contra los medios de comunicación social va e aumento sino que ahora es protagonizada por organismos de seguridad del Estado

La libertad de expresión es uno de los pilares de la democracia y uno de los mejores indicadores del nivel de ejercicio de la ciudadanía en los países del mundo, en el que Bolivia no es la excepción.Durante gran parte de la historia, la libertad de expresión ha marcado la diferencia entre quienes tenían poder y quienes estaban sometidos al mismo. Con la democratización de las sociedades y la emergencia de la clase media, este derecho se ha consolidado.Sin embargo, pese a que cada vez más naciones se suman al sistema democrático y, por lo tanto, al respeto a la libertad de expresión, las organizaciones internacionales siguen identificando importantes reductos de totalitarismo de Estado y en otros casos un retroceso en el ejercicio ciudadano.El caso de la China es singular y al mismo tiempo paradójico. Mientras que la apertura económica ha marcado su presencia a nivel internacional, las restricciones en cuanto a la libertad de expresión siguen marcando el dominio ideológico sobre la sociedad civil del gigante asiático.En los países de Oriente Medio con gobiernos islamistas, la libertad de expresión también enfrenta fuertes limitaciones, en especial, si se cuestiona las creencias religiosas más arraigadas. En nuestro continente se tienen dos ejemplos contrapuestos. Por un lado, la Cuba de Fidel Castro, cuyo gobierno insiste en mantener la cohesión social en torno a un desgastado proyecto socialista, o la Venezuela de Hugo Chávez que cada vez ejerce más presión y control sobre la libertad de expresión.Por otro lado, desde los atentados terroristas del 11 de septiembre y el inicio de la guerra contra el terrorismo, la libertad de expresión junto a otros derechos básicos ha sido limitada en los Estados Unidos. Pese a las protestas de activistas de los derechos humanos, la pasada administración del presidente Bush ha justificado con el estado de guerra, las restricciones e, incluso, la violación de algunas prerrogativas constitucionales tanto en su territorio como en otras latitudes.En cuanto a Bolivia, es oportuno señalar que la vigencia plena de la libertad de expresión ha sido una de las más importantes conquistas del último período democrático. Esa libertad, sin embargo, está comenzando a encontrar obstáculos y restricciones con una frecuencia cada vez mayor en los últimos meses.La libertad de expresión ha sido, en los momentos más críticos de la historia reciente de Bolivia, el instrumento y la garantía para que el país no caiga al abismo sino, más al contrario, para que encuentre salidas pacíficas y democráticas a sus diferencias internas.La sociedad en su conjunto parece haber comprendido que la libertad de expresión es un medio elemental para la convivencia ciudadana, por lo cual, su resguardo es imprescindible para el actual debate sobre los destinos del país.Quienes, empero, parecen pasar por alto el valor que tiene esa libertad son los organismos de seguridad del Estado quienes, en lugar de precautelar los derechos de la sociedad, ahora se dedican a infringirlos seguramente alentados por la impunidad de las recientes agresiones a medios de comunicación social.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Más agresiones contra periodistas

Las agresiones contra periodistas son uno más de los síntomas del permanente deterioro de valores básicos como el mutuo respeto y la tolerancia

Un amplio abanico de reacciones que va desde la más honda indignación a la absoluta indiferencia, pasando por cierta complacencia, han causado en diferentes sectores de la sociedad la andanada de insultos y expresiones de deseos que el alcalde de Santa Cruz, Percy Fernández, dedicó a un grupo de periodistas y camarógrafos que cubrían una conferencia de prensa.
"Estos son traidores, los veo traicionando a todos, a los colegas que están a su lado. Ojalá algún día se mueran, y pronto nomás de muerte natural para que nadie quede con la culpa, y desaparezcan porque mucho perturban el ambiente. Acosadores del mundo, idos por favor!”, dijo en uno de sus frecuentes arranques de ira.
El asunto fue minimizado en unos casos, pues ya es habitual que el alcalde cruceño, cuya excentricidad es muy conocida, incurra en dislates que por lo frecuentes que son ya suelen ser objeto de burlas y rara vez tomados en serio.
Cierta complacencia poco o nada disimulada, en cambio, se pudo notar entre quienes comparten con el Sr. Fernández su poca simpatía hacia la labor periodística cuando ésta no se acomoda a sus expectativas. Muchos de los principales funcionarios del gobierno central, por ejemplo, deben haberse sentido muy identificados con la actitud del alcalde cruceño.
Diferentes grados de indignación, por su parte, mostraron representantes de los periodistas y de los medios de comunicación, lo que se justifica por los antecedentes que durante los últimos tiempos han llevado a extremos intolerables las relaciones entre quienes ejercen el poder y quienes informan y opinan sobre sus actos.
Llamar a “disciplinar” a los periodistas, o calificarlos como “traidores”, son ejemplos de una actitud que pone en un mismo plano a quienes más allá de sus diferencias políticas e ideológicas, tienen en común el mismo desprecio por la labor periodística. Ambos casos merecen el mismo rechazo, por lo que no es aceptable que se reaccione con tolerancia o indiferencia cuando las agresiones provienen de unos y con indignación y agresividad cuando los autores son otros.
Tampoco se trata de exagerar e incurrir en un exceso de susceptibilidad. Los periodistas que se sienten afectados por las agresiones verbales, así como las organizaciones que los representan, tendrán que definir el límite entre lo que es sólo un exabrupto y lo que por formar parte de un contexto de agresiones que tienden a subir de tono, contribuye a deteriorar el ambiente de libertad y respeto necesario para el pleno ejercicio de la labor periodística.
De cualquier modo, lo cierto es que las cada vez más frecuentes agresiones contra trabajadores de la comunicación son sólo uno más de los muchos síntomas como se manifiesta en nuestro país el permanente deterioro de valores básicos e imprescindibles para la convivencia civilizada como son el mutuo respeto y la tolerancia. Restablecerlos es pues una tarea que debe involucrar a todos.

viernes, 29 de mayo de 2009

Gobierno vs. periodismo libre

Una muestra del tipo del periodismo que quiere imponer la dan los medios de comunicación, en los que sólo se oye la voz oficial


Más de una vez, en este espacio editorial, hemos afirmado que el victimismo, entendido éste como la tendencia a considerarse víctima o hacerse pasar por tal, es la principal característica del modo como el actual gobierno de nuestro país se relaciona con el mundo que lo rodea. El quejido lastimero, mediante el que se transfiere a factores externos la causa de los males que se padecen, es la principal manera como el victimismo se manifiesta.

Una extraordinaria muestra de cómo funciona ese mecanismo psicológico de defensa la hemos visto durante la exposición hecha por los representantes del gobierno “indígena” de Bolivia ante los delegados de la Sociedad Interamericana de la Prensa (SIP), quienes tuvieron que atender una sarta de reclamos sobre la supuesta maldad con que los medios de comunicación juzgan las acciones gubernamentales.

Todo el acto fue un bochornoso despliegue de acusaciones respaldadas en medias verdades en unos casos, en groseras distorsiones de la verdad, en otros, y en descaradas mentiras en los demás. En conjunto, en otras circunstancias, la aparente inocencia con que los funcionarios gubernamentales intentaron justificar la hostilidad que les inspira la libertad de información y la crítica a sus actos, sólo podrían merecer sonrisas burlonas.

Sin embargo, ante la evidente mala intención con que se pretende allanar el camino hacia el ideal de periodismo que el régimen se propone imponer en el país, resulta ineludible la necesidad de abordar el asunto con la seriedad que merece. Es que además de las palabras aparentemente inofensivas con las que se pretende descalificar la labor periodística, hay motivos para temer que tras ellas hay el firme propósito de pasar al terreno de los actos.

La intención hecha pública hace algunos días por los presidentes de Venezuela, Ecuador y Bolivia, de promover la instauración de una instancia internacional que “vigile” la labor periodística, indica que está ya en marcha un plan de acción encaminado a imponer en nuestros países un modelo cuyas características principales ya se pueden sospechar.

Un anticipo de ellas son los ejemplos que a diario dan los medios de comunicación gubernamentales en Venezuela y Bolivia. Un periodismo cuyo rol se reduce al de una caja de resonancia que amplifica la voz oficial sin que la perturbe ni el menor atisbo de crítica.

Cuba, donde el gobierno posee el monopolio de la información, donde está prohibida cualquier opinión que desagrade al régimen, y donde los medios de comunicación privados han sido totalmente eliminados es, sin duda, la máxima expresión del modelo que se proponen reproducir.

Por eso, a pesar de la facilidad con que pueden prestarse a las burlas los ataques oficialistas contra la prensa libre, no es algo que deba ser visto con desdén.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Hacia el control total del poder

La libertad de prensa es incompatible con un régimen totalitario, por lo que destruirla es una condición necesaria para obtener el poder total



Muchas cosas podrán criticársele al Presidente de nuestra ex república –ahora “Estado Plurinacional”-- pero no su falta de franqueza. Evo Morales desde siempre se caracterizó por decir lo que “siente”, más que lo que piensa, con absoluta claridad, sin ningún tipo de ambages.

Tal forma de actuar le ha dado hasta ahora muy buenos réditos, lo que en gran medida se explica porque la nuestra es una sociedad cuya cultura política es propensa a caer en la tentación totalitaria. Los valores opuestos al autoritarismo no han sido suficientemente cultivados y eso deja un terreno fértil a disposición de quienes aspiran al poder total.

No resulta por ello sorprendente que una y otra vez Morales proclame su deseo de instaurar un régimen totalitario y lo haga sin temor a las críticas. ´Ojalá desde diciembre de este año podamos tener realmente el poder (...) que el poder lo tenga el pueblo significa que tengamos el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial´, ha dicho una vez más, y no hay porqué dudar de la firmeza con que está dispuesto a alcanzar ese objetivo.

Tal aspiración al control del poder total es lo que se llama totalitarismo. Es en función a ese objetivo que el gobierno del MAS ha conducido todos sus actos durante los últimos tres años y no se puede negar que lo ha hecho con tanta paciencia como eficiencia.

Pero no es sólo el control total de los tres poderes el que el actual régimen pretende alcanzar. El monopolio del poder estatal es una condición necesaria pero no suficiente para la instauración de un régimen totalitario, pues hace falta además el control absoluto de otras fuentes de poder, como por ejemplo, los medios de comunicación.

La libertad de prensa, como todas las otras formas de libertad, es incompatible con un régimen totalitario por lo que destruirla es una condición tan importante como el control de los tres poderes del Estado. Y también el Presidente ha sido y es muy transparente cuando de exponer sus “sentimientos” e intenciones al respecto se trata.

En más de una ocasión, Morales ha dicho que “siente” que la prensa es la principal oposición a su proyecto político. Considera que es el principal escollo que debe vencer del “proceso de cambio” y nunca ha ocultado su deseo de despejar el camino.

A eso apunta el juicio instaurado contra el matutino La Prensa de La Paz, el que según el Viceministro Llorenti deberá ser “un buen precedente para el trabajo de los medios de comunicación privados”. Se puede pues temer que después de los muchos triunfos obtenidos por el oficialismo en su camino hacia la instauración de un régimen totalitario, someter a los medios de comunicación es el próximo objetivo.

lunes, 11 de mayo de 2009

El sagrado oficio del periodista

Al haberse conmemorado ayer el día de los periodistas bolivianos vale la pena recordar a un viejo maestro de este bello oficio, Juan Carlos Gumucio, quien recordaba que el primer hombre y la primera mujer de una casa periodística es el reportero

Los antiguos resaltan que no hay mejor música para un reportero que escuchar la impresión de su periódico en una rotativa. El apuro del último dato, los gritos para acelerar el cierre y compartir la construcción diaria del conocimiento de nuestra realidad forman parte de esa magia incomparable de trabajar en una Redacción.

Denostados por el establishment intelectual como escritores a medias, cuestionados por los políticos de turno y arrinconados por los autoritarios que no quieren develar sus actos, los periodistas se levantan como molinos de viento en una sociedad sedienta de verdad.

Al haberse conmemorado ayer el día de los periodistas bolivianos vale la pena recordar a un viejo maestro de este bello oficio, Juan Carlos Gumucio, quien recordaba que el primer hombre y la primera mujer de una casa periodística es el reportero.

Ese sacrificado trabajador de las letras que sale a la calle a buscar la información todos los días con la aspiración de contar lo conocido a los miles de lectores, televidentes u oyentes de radio que esperan saber qué pasa y cómo ocurrieron los hechos que afectan a su sociedad y a su entorno más próximo.

No es posible ejercer este oficio sin vocación de servicio por los otros, por los que no tienen la posibilidad de acceder de forma inmediata a los asuntos que son de su interés.

Ser periodista significa disfrutar y sufrir con los otros la comedia y el drama diario de la vida. Así lo postuló y lo ejerció ese otro gran periodista polaco que fue Ryszard Kapuscinski, quien reclamaba de los periodistas no escribir nada antes de saber a fondo de qué se trataba, quiénes y por qué estaban involucrados en un asunto. Sin importar los géneros, sin importar el sacrificio, sin importar el editor o el tiempo, el reportero debe poner los pies en el barro y sentar sus talones sobre la tierra. Sólo así se acercará a esa realidad dura y desafiante que nos circunda. Además, deberá tener el temple del que sabe que afuera no le espera un cuento de hadas, sino de dolor y tristeza.

Ese reportero lidia, entonces, con los muros de la burocracia y la intolerancia que no quieren abrir los recintos públicos de la información a la investigación periodística. No hay periodismo sin investigación, alerta el gran Gabriel García Márquez, y eso requiere verificar hasta el último dato. Además exige la valentía de ir adelante pese a quien le pese, sabiendo que por encima de todo está el interés de la gente.

También debe pelear con las deficientes condiciones laborales que, muchas veces, desafían su voluntad por construir un espacio compartido por saber y conocer más de nuestro mundo. Tienen que sobrellevar el sacrificio de horas sin la familia y sin posibilidad de esparcimiento y diversión. Pero la recompensa también es enorme. Los lectores que llaman para darle fuerzas ante la intolerancia y el oscurantismo, y el placer de ver en rotativa las palabras y los pensamientos que hablan de una nación en construcción.

lunes, 4 de mayo de 2009

La libertad de prensa

La firmeza con la que se ha defendido la libertad de prensa permite confiar en que seguirá siendo un sólido pilar de la democracia

Ayer, 3 de mayo, en Bolivia como en todo el mundo se conmemoró el Día de la Libertad de Prensa, jornada fijada por las Naciones Unidas para que los periodistas, los gobiernos y los pueblos reafirmen su compromiso con uno de los principales pilares sobre los que se sostiene una sociedad libre y democrática.

Como todos los años, la fecha se presta a poner especial énfasis en lo importante que resulta para la salud de un sistema democrático la plena vigencia de la libertad de prensa. Es buena ocasión para que todos reflexionemos sobre el tema y con una mirada autocrítica hagamos una evaluación de la manera como ejercemos este tan importante derecho.

Hasta hace no poco tiempo, los bolivianos teníamos la posibilidad de afirmar nuestro orgullo y satisfacción por haber logrado, aun a pesar de uno que otro tropezón, construir y conservar una democracia que entre sus muchas cualidades, y a pesar de sus imperfecciones, garantizaba una plena libertad de prensa.

Hoy, en cambio, como viene sucediendo desde hace tres años, la situación es algo diferente. Han sido demasiadas las ocasiones en que la labor periodística se ha visto amenazada, y se ha llegado al extremo de obligar a un periodista a renunciar a su fuente de trabajo so pena de ser sometido a las prácticas impuestas del “control social”.

Para empeorar el panorama, ha habido también durante los últimos meses más de un atentado contra la libertad de prensa proveniente de las fracciones antidemocráticas de la oposición. La destrucción de instalaciones de Televisión Boliviana y de radios estatales en diversos puntos del país durante los enfrentamientos de agosto y septiembre del año pasado, así como las recurrentes amenazas y agresiones contra trabajadores de medios de comunicación estatales, han contribuido a que Bolivia figure entre los países en los que la libertad de prensa está deteriorándose.

Como contrapartida, y ese también debe ser motivo de reflexión, con frecuencia se puede constatar que hay casos en los que la libertad de expresión no es ejercida con la responsabilidad y el respeto a normas de ética periodística. No pocas veces se confunde la libertad de prensa con una especie de carta blanca para manipular la información y ponerla al servicio de causas o intereses incompatibles con los fundamentos básicos de una sociedad democrática.

Sin embargo, y a pesar de lo anterior, el balance final no es del todo negativo. La firmeza con la que se ha defendido la libertad de expresión cuando ésta ha sido amenazada ha impedido que tengan éxito los intentos hechos por menoscabarla. Ese es un buen motivo para ver el futuro con optimismo y para redoblar el compromiso de mantener firme éste que es uno de los pilares fundamentales de la democracia.