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domingo, 12 de julio de 2009

Un sistema político en ruinas

Patético cuadro que da cuenta de la precariedad de la democracia boliviana y de la ineptitud de quienes actúan en nombre de ella

Según el calendario electoral que rige el proceso que deberá concluir el 6 de diciembre próximo, el pasado jueves feneció el plazo para que las organizaciones políticas obtengan o renueven su personería jurídica y queden así habilitadas participar en el acto.
Concluida esta etapa, la ex Corte Nacional Electoral, hoy Órgano Electoral Plurinacional (OEP), ha informado que son 15 las organizaciones, entre partidos políticos y agrupaciones ciudadanas, que quedaron habilitadas. Dos de las 17 registradas, ADN y FRI, fueron eliminadas.
A primera vista, podría creerse que tal cantidad de organizaciones políticas --la mayor parte de las cuales se niegan a identificarse como partidos-- es una muestra de lo saludable que está la democracia boliviana. Podría suponerse, incluso, que intermediación entre la sociedad y el Estado es lo que menos falta hace en nuestro país y que la institucionalidad democrática descansa sobre sólidas bases.
Resulta evidente, sin embargo, que esa es una apariencia que en nada corresponde a la realidad. Es que salvo una o tal vez dos excepciones, lo que se esconde tras tal abundancia de siglas es una falacia total. En los hechos, hay en Bolivia una sola organización política digna de tal nombre, el Movimiento al Socialismo, y el MNR, que sin duda aún vive, pero aparentemente en estado vegetativo. Alguna otra, como el Movimiento sin Miedo existe sólo en una ciudad del país, otras dos, como UN y AS no pasan de ser muy pequeños grupos de amigos reunidos alrededor de un aspirante a candidato y todas las demás, la inmensa mayoría, ni a eso llegan.
Esa es una cara de la penosa realidad. La otra es que más de diez individuos han anunciado sus intenciones de ser candidatos a la presidencia del Estado Plurinacional. De todos ellos, sólo uno, Evo Morales, cuenta con una organización política seria que lo respalde. Es decir, tan abundantes como los partidos sin seguidores y sin candidatos, son los candidatos sin seguidores y sin partido. Tal paradoja ilustra con toda claridad el estado comatoso en el que está el sistema político boliviano.
Pero la viveza criolla ya ha hallado la forma de resolver tan paradójica situación, aunque sólo sea en las apariencias. Consiste en una especie de mercado negro de siglas en el que sus propietarios y los aspirantes a candidatos regatean los precios y las condiciones en las que se harán los contratos de compra, venta, alquiler o anticrético. Así nació hace algunos años el MAS.
Ahora les toca a todas las fracciones de la oposición salir a buscar entre los desechos alguna combinación de letras que sirva para simular una organización política que en la realidad no existe. Patético cuadro que explica en gran medida la precariedad de la democracia boliviana.

miércoles, 29 de abril de 2009

La democracia abandonada

El sistema democrático está quedando abandonado por la inexistencia de una oposición democrática capaz de asumir su rol

Mientras la atención de todo el país se concentra en el tema del terrorismo tratando de discernir entre los elementos de ficción y realidad que éste tiene, no hay quién se ocupe del proceso que nos debe conducir a las elecciones de diciembre.

La Corte Nacional Electoral, ante la indiferencia colectiva, hace cuanto puede para llevar a cabo la enorme tarea que se le ha asignado. Y lo hace en condiciones sumamente adversas pues, como se sabe, ni siquiera cuenta con el número de vocales necesario para su labor se desarrolle con la eficiencia que sería de esperar.

Pese a ello, ha citado a las organizaciones políticas con personería jurídica para que cumplan con la obligación que tienen de hacer el seguimiento técnico a la conformación e implementación del padrón electoral biométrico y otros aspectos relativos a los procesos electorales de diciembre. Ha solicitado además que el Congreso Nacional conforme una comisión de alto nivel, pero los parlamentarios prefieren disputarse el rol de sabuesos a la caza de terroristas.

La convocatoria de la CNE está especialmente dirigida a los partidos políticos. Y ahí es donde se presenta el primer problema pues, con excepción del MAS, no hay en Bolivia partidos capaces de participar activa y eficazmente en el proceso, lo que dice mucho de la salud de nuestra institucionalidad democrática.

De los partidos con personería vigente, que son trece, (MAS, MSM, MNR, ADN, UCS, PDC, FRI, UN, AS, Muspa, BSD, PPB y Pulso), y las dos agrupaciones ciudadanas (Alianza Siglo XXI y CN), la inmensa mayoría no son más que cascarones vacíos, siglas sin ningún contenido.

Además de ellos, hay cuatro cuya personería está en trámite: Nueva Alianza Plurinacional Occidente y Oriente (Apoyo), Movimiento de Izquierda Nueva Social Democrática (MIR-Nueva SD); Movimiento de la Mayoría Silenciosa (M-SI), y Partido Verde de Bolivia (PVB). Nada indica que alguno de ellos esté a la altura de los retos que plantea la confrontación democrática.

Para colmo, ninguna de las fracciones en que se dividió la que era la principal fuerza de la oposición, Podemos, tiene personería vigente. Es decir, está inhabilitada para ser protagonista del proceso de vigilancia y control del proceso pre electoral, a no ser que se presten una sigla en desuso.

El sistema democrático está quedando sin bases que lo sustenten. No existe una oposición democrática digna de tal nombre y el tiempo corre en contra de la posibilidad de que tan grande vacío sea llenado.

Así, mientras la democracia languidece víctima de la ineptitud de quienes tendrían que ser sus protagonistas, el terreno queda despejado para la violencia, la arbitrariedad y la ilegalidad. En tales condiciones, los previsibles quejidos lastimeros de la oposición, cuando vuelva a fracasar, no merecerán ser atendidos.