martes, 14 de julio de 2009

Las aguas bravas del Silala


La cancillería está en dificultades para defender sus supuestos logros.
Y si así le va con las aguas del Silala, ¿cómo le estará yendo con las otras?

Tres años y medio después de haber dado un giro radical a la política exterior de nuestro país, y muy especialmente a las relaciones con Chile, la Cancillería encabezada por David Choquehuanca se aproxima al momento de las pruebas. Tendrá que defender los primeros frutos de su “diplomacia de los pueblos”, lo que implica embarcarse en aguas bravas. Pero no se trata de las aguas del océano Pacífico, sino las de “sistema hídrico” del Silala.
El resultado presentado no fue el que los potosinos esperaban cuando en tono triunfalista se hablaba de “grandes avances”. Es que hubo avances, sin duda, pero avances para Chile. La exclusión del término “río” para sustituirlo por el de “sistema hídrico” ya es un gran paso a favor de la posición de nuestros vecinos, pues la piedra angular de la causa boliviana radica precisamente en la naturaleza de aquel manantial.
El estudio científico que haría falta para dirimir el pleito, el que durante tanto tiempo Bolivia exigió, ha sido incomprensiblemente dejado de lado. Es verdad que se deja abierta la posibilidad de que algún día se lo haga, pero ya no como condición previa sino algo accesorio que puede ser diferido para cuando Chile así lo disponga. Mientras tanto, ni río ni manantial, sino “sistema hídrico”.
Como era previsible, tales acuerdos no han sido bien recibidos por la mayor parte de las instituciones potosinas que no se resignan a que el gobierno tan generosamente dé por cancelada la millonaria deuda acumulada en su favor durante las últimas décadas. Pero como también era previsible, dada la habilidad con que el gobierno destruye la unidad de criterios cuando la división le resulta conveniente, con mucha habilidad se ha recurrido a la tentación monetaria para que los pobladores de Quetena Chico, donde está el reservorio, acepten la compensación que ofrece Chile.
Se ha abierto así la posibilidad de que los potosinos comiencen a pelear entre ellos. Que unos, los que por ser “originarios” de Quetana Chico se sienten con más derecho que los demás, se acojan al dicho según el cual “de mal pagador, se aceptan piedras”. Y los otros --los que son potosinos pero que son vistos como “forasteros” por los “dueños” del manantial-- que se niegan a vender tan barata una causa por la que tanto lucharon. Y los demás bolivianos… Sin nada que decir, pues ya se ha asumido la idea de que no vale la pena meterse en problemas “ajenos”.
Se puede prever, sin embargo, que al final de cuentas la decisión estará en manos de quienes hacen sumas y restas en términos electorales. Y como los potosinos que desaprueban la propuesta gubernamental son más que los que la aceptan, lo más probable es que Choquehuanca tenga que aceptar el fracaso de su gestión diplomática. Y si así le va con las aguas del Silala, ¿cómo le estará yendo con las otras?

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